Soy un poco alérgico a los plurales del estilo de “felicidades”… Quizá la fórmula “multitudinaria” me parezca un poco falsa, máxime cuando el motivo es tan curioso como el de una fecha muy concreta del calendario…
Pero, ¿qué pasó el 25 de diciembre de 0 para que tengamos que cumplir con el rito anual de la felicitación? Pues, probablemente, como todos los días, muchas cosas, aunque nadie pensara entonces que era el año 0. Además, si está usted pensando que nació un tal Jesús de Nazaret fuera de su pueblo, probablemente se equivoque de fecha… Ni nació el 0, ni en diciembre, ni el 25…
¿Entonces?… Al parecer, la fecha era, en tiempos romanos, la del Dies Natalis Solis Invicti, que no tiene nada que ver con la “luz sagrada” (Άγια Φοτα) de la que habla con mejor voluntad que sabiduría e información el artículo Navidad de la Wikipedia en español, entre otras cosas porque los romanos hablaban latín y no griego. Esa fiesta se refería a diversas deidades identificadas con el sol.
Además, la fecha coincidía, más o menos, con la bruma romana, el solsticio de invierno, el día en el que el Sol demostraba su superioridad, al no resultar vencido por el acortamiento de los días.
Así pues, había motivos suficientes para erigir la fiesta ritual del nacimiento de Jesús en esta fecha. La imagen de la derecha parece ser una representación de Cristo en forma del Sol Invictus montado en su carro, mosaico del siglo III que se halla en las catacumbas situadas bajo la basílica de San Pedro, en el Vaticano.
Se me ocurre, por otra parte, que si la tradición cristiana que, por evidentes razones culturales, conozco mejor que las tradiciones precristianas y nórdicas, ha llevado a la creación de obras tan sublimes como la que se reproduce más abajo (en este caso, La adoración del Niño, de Fra Angelico), no puede ser perjudicial.
Es más, quizá sea, pues, un feliz acontecimiento esa unión de lo cristiano y lo pagano en una fiesta humana, en definitiva, algo que debería unir a quienes nos decimos, con mayor o menor razón, sapiens… incluyendo a los especímenes políticos y sociales que cada uno de nosotros tenga, sin duda, presentes…

Eso sí, para redondear el asunto, el solsticio, Cristo o lo que sea siempre es un buen motivo para vender, y ya se sabe que el fondo calvinista de todo industrial o comerciante le certifica que los buenos resultados económicos son prueba de la bendición del cielo…
En consecuencia, por cualquier lugar por donde se mire, no cabe duda de que estas fechas son un referente simbólico de primera magnitud. Y tampoco puede negarse que los deseos rituales de felicidad (término ambiguo por excelencia, pero siempre simpático), aun en el caso de que sean ficticios, encierran simpre una invitación a la paz y a la alegría.
Así que, por mor del solsticio, de Cristo Jesús, de la buena voluntad o, incluso, de las buenas ventas, eso sí, sin ficción de ninguna especie, ¡ojalá sean todos ustedes todo lo felices que puedan!
















