Iba a titularlo: ¿por qué dicen lo que dicen si no saben lo que dicen?, pero era demasiado largo.
Este señor de la izquierda es archiconocidísimo y archiveneradísimo en Italia. Su nombre: Francesco Forggione, aunque no se lo conocía por tal, sino por su “nombre de religión”: Fray Pío de Pietrelcina, de la Orden de Frailes Menores o franciscanos, el Padre Pío, natural de Pietrelcina, un pueblo de la Campania. Al parecer, el buen señor tenía un carácter de armas tomar y la opinión que de él tuvieron varios papas, entre ellos el universalmente querido Juan XXIII, era más bien nefasta.
El caso es que, con Juan Pablo II, incluso le tomó la delantera a Juan XXIII a la hora de ser proclamado solemnemente como santo.
Uno de los aspectos más llamativos del padre Pío fueron sus estigmas, aunque, lógicamente, en el proceso que lo llevó a los altares, esta cuestión es secundaria.
Ahora resulta que las investigaciones de Sergio Luzzatto, catedrático de Historia Moderna de la Facultad de Educación de la Universidad de Turín, han descubierto que el bueno del padre Pío, al menos en una ocasión, recurrió al ácido fénico, que, al decir de los expertos, puede producir unas señales similares a las de los estigmas.
Evidentemente, el revuelo que se ha montado en Italia, donde el padre Pío tiene más “incondicionales” y donde el “circo” creado en torno suyo es impresionante, ha sido de aúpa. Sin embargo, los hechos son los hechos y la circunstancia reseñada nubla todavía más las circunstancias de la vida del buen señor, pese a quien pese.
Si alguien se atreve a leer este artículo del Corriere della Sera de hoy, en italiano, claro, firmado por el mismo Luzzatto, se hará mejor idea de las intenciones y de la forma de pensar del investigador que si se remite al ejemplo que menciono a continuación.
De todos modos, lo que me llama la atención y lo que motiva mi post es el escaso rigor informativo de algunos periodistas, sobre todo cuando documentarse no lleva más de 30 minutos y eso echando por lo alto.
Leo el El periódico de Catalunya, bajo este significativo titular:

Se trata de una típica mezcla de churras con merinas, adobada con la ignorancia de D. Jordi Casabella, que es el firmante. Veamos: al alcance de cualquiera está el artículo de la Wikipedia titulado Infalibilidad Pontificia. Como el ignorante Casabella puede comprobar, por muy solemne que sea la proclamación de un santo, no entra en ninguno de los supuestos casos de la supuesta “infalibilidad”. El asunto de las beatificaciones y canonizaciones es una cuestión de Derecho Canónico, de normas y procesos, pero no de infalibilidad. Y, precisamente por tratarse de un asunto jurídico, la proclamación popular de los santos pasó a la historia hace mucho tiempo.
Por supuesto, es muy cuestionable que se proponga como modelo a imitar a una persona que, aparentemente al menos, pueda no ser muy digna de imitación y, en mi opinión al menos, no solo es cuestionable, sino rechazable que se fomente el “circo” al que yo aludía antes, pero la crítica ha de ejercerse con honradez, aunque se le “tengan muchas ganas” a la persona o institución críticada.
















