democracias y secretos

20080111_inside.jpg20080111_agee.jpgSe publicó en 1975 y creo que lo compré en el 77. Hoy, todavía aparece en el catálogo de Amazon. En España, lo publicó Laia en 1978 y Bruguera en 1979. Aquí están agotados.

Me pareció impresionante. Era la obra de un exagente de la C.I.A., Philip Agee, que ponía al descubierto los métodos de guerra sucia del entonces principal organismo de espionaje de los Estados Unidos.

El pasado día 9, el diario Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista Cubano, daba la noticia de la muerte de Agee el día 7 de enero. Aquí, al menos El País y El Mundo se hicieron eco de la misma noticia, haciendo un breve repaso de la actividades de Agee y de los motivos por los que tuvo que exilarse de los Estados Unidos e ir a Cuba, dado que diversos países occidentales le negaron la residencia.

Evidentemente, a nadie puede extrañarle que Estados Unidos lo considerara un traidor: puso patas arriba la organización de la C.I.A. en Latinoamérica. Incluso es posible, aunque el lo negara reiteradamente, que sus declaraciones pusieran en peligro a sus antiguos compañeros. Es posible, por tanto, que su muerte suponga un alivio para muchos.

A mí, sin embargo, su recuerdo me lleva a preguntarme algunas cosas que, quizá, no tengan solo que ver con la C.I.A., ni siquiera con la infinidad de servicios de “información” o de “inteligencia” que hay por el mundo: ¿es compatible la democracia con el secreto? ¿Es posible acabar con las informaciones secretas? ¿Tienen algún sentido la solemnes declaraciones de que “la soberanía reside en el pueblo” cuando aquí se entera uno de lo que quieren los que mandan (o sea, lo de siempre)?

Aunque en inglés, Agee dijo algo al respecto:


Que tengan felices y democráticas tardes…

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