Con frecuencia, acompaño a uno o dos invidentes hasta su domicilio, precisamente por aquí. Verán que es todo un deporte de riesgo…
Sevilla, calle de Recaredo:
Naturalmente, la barricada se supera invadiendo el carril bici… Siempre se puede ir por la otra acera, claro.
Seguimos adelante. Entramos en la avenida de Menéndez Pelayo:

La obra lleva mucho tiempo ocupando gran parte de la acera, pero ahora se la ha comido por completo. Me dirán: ¿por qué no váis por la otra acera? Respuesta:
Eso es lo de enfrente y, en este caso, con vallas que impiden el paso…
Ya saben: Sevilla, ciudad de las personas… que no sean invidentes, claro.













No me extraña, con el “visionario vidente” que tenemos por alcalde, que se toma la ciudad como un desmontable, casi como si jugara a las casitas.
Un saludo