Por menéame, me entero de que la Policía Federal belga ha intervenido los servidores Razorback. La noticia aparece desarrollada en Slyck y allí veo que la intervención se ha llevado a cabo a requerimiento de las autoridades belgas y suizas. Éstas, a su vez, han actuado por la denuncia de la Motion Picture Association of America. Ya veremos en qué para todo esto, pero la pinta es más bien mala.
El asunto es el mismo de siempre, ¿cómo no?: el copyright… y la medida es lógica: si se cierran los servidores, se acaba el P2P… ¿o no?
Por curiosidad, me he ido a la página de los peliculeros norteamericanos:
Como podéis ver, los peliculeros son un encanto… como saben que “enseñar al que no sabe” es una actitud virtuosa y todo su empeño está en que los de a pie vayamos al cielo, nos indican amablemente quiénes son los ladrones y a quiénes hacen daño, invitándonos, además, a que nos sumemos a estas modernas cruzadas contra el mal. Para aclararnos más, nos indican lo que es legal y lo que no, al tiempo que nos anuncian el progreso de esta formidable lucha de los buenos contra los malos (como en las pelis). En fin, como la de la SGAE, no tiene desperdicio (aunque a la SGAE la voy a dejar para otro momento).
Ya lo he dicho en alguna otra ocasión. Yo entiendo que las obras, cualesquiera, han de tener un precio, puesto que es producto del trabajo de alguien, que contemplamos, usamos o disfrutamos en beneficio propio… me parece justo que el alguien o los álguienes que sean obtengan un beneficio de lo que hacen. Pero lo que ya parece fuera de madre es la fórmula utilizada para sacar dinero como sea: resulta que si yo “compro” un DVD, en realidad no lo compro, sino que me lo alquilan (por cierto, no he visto ningún anuncio en el que digan tal cosa), puesto que yo no puedo disponer a mi antojo de lo que es mío. Además, la propiedad alegada se extiende a multitud de cosas que nada tienen que ver con aquella propiedad alegada: muñequitos, ropa, tazas y miles de cachivaches amparados por la alegada propiedad de la “obra de arte original”. Para rematar, esa propiedad alegada, con la bendición de nuestros representantes en los parlamentos, puede extenderse años y años, mientras, por cierto, los “propietarios” se benefician de todo lo que rodea el lanzamiento de sus obras: críticas, consejos, etc. No obstante, creo que, en este tema, nuestros representantes no van siquiera a preguntarnos a los representados qué hacer… dirán que “es que Bruselas… hay que trasponer directivas…. estamos con las manos atadas…” Que cada cual ponga los calificativos, con cuidado, eso sí… no se vaya a pillar los dedos.












