Acabo de verlo en El Mundo (a quien robo la foto) y no tengo más remedio que dar crédito a mis ojos… La Excelentísima Señora Ministra de Cultura acude, como corresponde, a la gala de los Goya… y me quedo patidifuso.
Evidentemente, hay gustos para todo y la señora ministra, como cualquier hijo de vecino, puede ir vestida como le dé la gana. Reconozco que los míos tienden al minimalismo y, en consecuencia, me sitúo en las antípodas de los que exhibe la señora ministra. Me dirán que aprovecho todas las ocasiones para meterme con doña Carmen Calvo, pero, en ésta, no me meto con ella… sólo quedo boquiabierto. En mi opinión, la señora Calvo llega a hacerse uña y carne con su ministerio, esa cartera que no sé muy bien para qué sirve y que, de nuevo en mi humilde opinión, pero opinión al fin y al cabo, viene a ser como un adorno churrigueresco (o ¿agatheño, quizá?) de cualquier gobierno.
De todos modos, aunque no comparta sus ideas estéticas, ¡olé! por la señora ministra.
ACTUALIZACIÓN OBLIGADA: Una fuente “generalmente bien informada” me ha susurrado el motivo por el que la ministra de Cultura iba de la guisa que aparece en la foto. Al parecer, era una respuesta positiva al deseo de los diseñadores españoles de que los titulares del gobierno de la nación optaran por sus diseños, en vez de utilizar modelos de modistos y diseñadores extranjeros y, como Agatha era Agatha, le tocó a doña Carmen lucir el modelo en cuestión. Así que, muy probablemente, los gustos de la señora ministra no coincidan con la vestimenta que llevaba en los Goya. Entre paréntesis, ya me extrañaba que El Mundo no aprovechara la ocasión… En fin, es obvio que no soy lo que se dice un “sabueso”. Lo que sí queda en pie, con redoble, dados los motivos que tuvo para aderezarse como lo hizo, es el ¡OLÉ! por la señora ministra.
















