Por suerte, no vivo en Madrid, pero las cosas de la capital de España sí me afectan…
Leo en El Mundo que los vecinos de Carabanchel siguen en pie de guerra contra el Ayuntamiento de Madrid por la cuestión de los cacharritos éstos y que para hoy, jueves, está convocada otra macromanifestación. El País dice que, de los 96.000 automóviles que cuentan con la “tarjeta de residente”, sólo hay sitio para 59.189. Los “responsables” municipales responden que ellos no hacen milagros… pero sí cobran. Al mismo tiempo, el Ayuntamiento de Madrid, en esa página que todos los ayuntamientos tienen para proclamar que la población titular es “la casa de la pradera”, dirigida con sabia mano por el baranda de turno, proclama que “La ampliación del SER reduce en un 3% el tráfico interior de la M-30″ (¡hay que ver que bajo ha caído la ontología…!).
Como puede verse en el planito de aquí al lado, la zona que abarca el llamado S.E.R.: “servicio de estacionamiento regulado” (¿o “servicio de extorsiones reglamentarias”?) es descomunal.
Es cierto, y de ello puede dar fe todo el que haya ido a Madrid en los últimos tiempos, que las dificultades de aparcamiento eran grandes, que la circulación era terrible, y también es cierto que al ayuntamiento le toca dar soluciones.
Pero, si cabe explicarse que haya zonas en las que sea preciso establecer limitaciones de aparcamiento, no parece tan “explicable” que, con la anuencia del ayuntamiento (licencias, por ejemplo), se establezcan organismos, industrias, etc. que atraen gran cantidad de vehículos, sin prever esa afluencia. Un ejemplo alucinante, en el que no sólo tiene parte el Ayuntamiento de Madrid, sino la Comunidad y el Ministerio de Justicia: el Registro Civil de Madrid. Por cierto, a estos sitios no suele acudir la gente para pasar el rato…
El caso es que, con responsabilidad del gobierno municipal o no, el problema está planteado: circulan muchos coches y la ciudad no puede absorberlos. Nadie aconseja que no se compren coches… sólo te invitan a que lo compres, pagues y no lo uses… Pero, ¿por qué se utiliza el automóvil privado? En Madrid, en Sevilla, en Valencia y en Nueva York, el uso del automóvil es una tortura: atascos, sitio donde aparcar, policías dedicados con afán al noble ejercicio de la denuncia… Es obvio, los ciudadanos son entes masoquistas: les va la marcha y prefieren el coche porque es más cómodo, y más económico.
Con independencia de los costes de adquisición y de mantenimiento, el coche no es precisamente gratuito. En la página del Ayuntamiento de Madrid, que recoge las “ordenanzas fiscales” y que, por cierto, no puede consultarse mediante Firefox, se indica que un vehículo de tipo medio (entre 12 y 15,99 caballos fiscales) tiene que pagar 125 € al año por circular… (en Sevilla, por ejemplo, el mismo vehículo paga 121,58 € anuales). En el caso de Madrid, si el propietario de ese vehículo quiere tener “tarjeta de residente”, ha de pagar al Ayuntamiento de Madrid 24 € más (ó 2 € y pico al mes)… y si ese mismo súbdito municipal tiene la desgracia de no encontrar aparcamiento de residente, tendrá que pagar “lo que toque”… con independencia de que sobre sitio… Es decir, primero y principal: HAY QUE PAGAR porque sí, haya o no haya sitio, ya sabemos que no hacen milagros…
Allá por los años 60 del siglo pasado, ya se les ocurrió a los mandantes lo de la “zona azul”… Y, para regular el tiempo de estacionamiento, en vez de plantar en las calles los cacharros (que ya estaban inventados), recurrieron a este artilugio:
El “disco de control obligatorio” (oficial denominación del chisme) te lo comprabas o te lo agenciabas de propaganda. Si aparcabas en “zona azul”, lo colocabas en el parabrisas, de manera que se viese la hora de llegada, y, si te pasabas del tiempo, te denunciaban. En todo caso, no había que pagar si no te excedías, pero tampoco rendía más beneficios que las multas y había que pagar a los vigilantes: no había negocio…
Los barandas de nuestros días, sin embargo, optan por los parquímetros, por la tecnología, aunque, eso sí, obligando a pagar por principio. Como uno no puede dudar de que los cargos electos buscan siempre lo mejor para sus ciudadanos, habrá que suponer que los cachivaches de este tipo resultan más económicos que los discos aquéllos… es verdad que necesitan un mantenimiento, consumen energía y no permiten prescindir del vigilante humano, pero seguro que son más económicos y beneficiosos para la población… Así que tampoco me cabe duda de que otros ayuntamientos estarán muy pendientes de lo que ocurra en Madrid… para beneficiar de igual manera a sus propios ciudadanos.
Espero o, más bien, deseo que los ciudadanos carabancheleros tengan éxito… aunque también lo dudo. Sería bueno para eso que se empeñan en llamar “democracia”…
P.D. Cuando se empezó a hablar de la ampliación del S.E.R., me dirigí al Ayuntamiento de Madrid para que me explicaran qué procedimiento podía utilizar si tenía que ir a Madrid en automóvil. La legislación española obliga a que la administración responda a los escritos de los ciudadanos… pero, claro, me olvidaba de que la ley se impone a los súbditos… para las organizaciones barandales no reza… ¿o acaso, por aquello del liberalismo, el Ayuntamiento de Madrid es “sociedad anónima”?













Pues ya hay alguien que le dice al alcalde en forma de pegatina, que se meta el dinero por el culo.
Madrid necesita aparcamientos y tiene que solucionarlo el ayuntamiento. No tanto aprovecharse de este problema para montar un negocio de privatizar las calles. Esto se les está escapando de las manos, aunque no haya mucha información, cada vez se estan estropeando mas parquimetros y por todas las zonas de madrid. se le esta perdiendo el respeto a esa maquina inutil, dañina, y ladrona. Un aparato acompañado de sus rayitas de colores que no sirve para nada mas que para recaudar.
arganzuela sin parquimetros en http://parquimetrazo.cholloblogs.com
[...] mejor con Firefox « elucubraciones veraniegas surrealismo kafkiano en parquimetrópolis En Zooglea ya hemos hablado de los parquímetros de Madrid y la de la buena acogidaque la población ha dispensado a estos chismes… Pero tenía ganas yo de vivir la experiencia ontológica (el dispositivo se llama “SER”)… Esto es lo que hay y así se lo cuento… [...]