No puedo negar que D. Mariano Fernández Bermejo, el ministro de los juzgados y demás, me ha ido decepcionando cada vez más desde que dejara de ser fiscal a secas.
Ya sabíamos que no aceptaba lecciones de derecho, aunque no estuviese muy al día en cuestiones de ladrillos. Aunque parece que el hombre se ha informado y culturizado al respecto y, con los informes de su ministerio (¡qué casualidad!) en la mano, acometió la reforma del pisito que le adjudicaba el Ministerio de Administraciones Públicas.
Según cuentan algunos media, por ejemplo soitu.es, remitiendo siempre a El Mundo (aunque parezca mentira, no he encontrado nada en El País, si bien eso no significa que no haya dicho nada, claro), los informes decían, por lo visto, que el incómodo ático de 220 m2 había que rehacerlo (250.000 € son muchos euros, aunque se le encargue la cosa a El Corte Inglés), eso sí, poco antes de las elecciones, más que nada para dar vidilla a los media antisocialeros…
¡Vale!, yo entiendo perfectamente que, en los tiempos que corren, un ministro tenga que vivir en un sitio que pueda estar bien vigilado. Entiendo también que la vivienda de un ministro no sea precisamente igual que la mía y comprendo que, de vez en cuando, haya que hacer reformas. Sin embargo, ese tipo de reformas me recuerda mucho a las que hacían, por poner un ejemplo inocente, sus homólogos de la dictadura…
Lo que ya me parece “de juzgado de guardia” es echar la culpa del asunto a su antecesora en la ocupación. Lo único que le ha faltado es utilizar una expresión como “la guarra esa” o algo por el estilo… Me parece demasiado fuerte…
Y lo que tenía que pasar pasó. La exministra de Vivienda, D.ª María Antonia Trujillo Rincón ha dicho (como era lógico) que el piso que dejó y que ahora usa Bermejo estaba en “perfecto estado”, que lo dejó tal y como se lo encontró tras ser desocupado por la ex ministra del PP, D.ª Julia García-Valdecasas Salgado. Ha añadido alguna que otra lindeza, por cierto con mejor estilo que el señor ministro…
Bueno, es una anécdota que deja en muy mal lugar al ministro en cuestión, de cuya zafiedad ya no me cabe la menor duda, como tampoco de su desprecio hacia los ciudadanos hipotecados ni de su infantil inoportunidad: ¡buen ministro, sí señor!
De todos modos, también nos da ocasión de conocer mejor (si cabe) algo de la vulgaridad y mala educación de algunos vividores del negocio político, en este caso de la “oposición”. Al parecer, D. Vicente Martínez Pujalte, aprovechando la ocasión, ha tenido a bien soltarse la melena y llamar al ministro: “caradura”, “mentiroso”, “despilfarrador” y “corrupto”, y, para redondear: “quizá lo haya aprendido de Zapatero, que climatizó la piscina de la Moncloa”, y, no conforme, ha seguido: “¿por qué destrozó Trujillo el piso? A lo mejor fue porque se enfadó mucho cuando Zapatero la cesó”…
Y este es el género al que dicen que votemos… ¡Madre!


Bermejinski ?