En ModoCharlie, un blog chileno dedicado a la aviación, comentaba ayer Álvaro Romero el sin duda curioso referéndum que se celebra hoy en Berlín para pedir opinión al público acerca del decidido cierre al tráfico aéreo del actual Flughafen Berlin-Tempelhof, situado, como puede apreciarse, en pleno centro de la ciudad.
Lo más gracioso del caso es que el tal referéndum no es vinculante y el alcalde socialdemócrata de la ciudad ya ha anunciado que el aeropuerto se cerrará salga lo que salga, tal como se decidió allá por 1994. El cierre está previsto para el 31 de octubre de este año. En 2011, le seguirá el Flughafen Berlin-Tegel Otto Lilienthal, centrándose el tráfico en el Flughafen Berlin-Brandenburg International, el conocido aeropuerto de Schönefeld.
Evidentemente, hay argumentos a favor y en contra, respectivamente apoyados por distintos partidos políticos. En contra están la izquierdsa y los socialdemócratas (que gobiernan en la ciudad) y que esgrimen la contaminación acústica y ambiental, así como el anacronismo de mantener un aeropuerto “creado” en tiempos de Hitler. Además, tiene muy poco tráfico y genera pérdidas. A favor están los democristianos y los liberales (que gobiernan la república federal) y aducen que es un sitio histórico, gracias al cual los aliados occidentales rompieron el bloqueo impuesto por los soviéticos a Berlín occidental con el famoso “puente aéreo“. Añaden que crea empleos.
Paradójicamente, lo que está previsto es el cierre del aeropuerto al tráfico aéreo, auya actividad oficial comenzó el 8 de octubre de 1923, y no el edificio, cuya terminal actual se proyectó en 1934, dentro de los planes de reforma de Berlín de Albert Speer, el arquitecto predilecto de Hitler y ministro de Armamentos del III Reich.

La terminal de Tempelhof, “la madre de todos los aeropuertos”, en palabras de Norman Foster, fue el edificio mayor del mundo hasta la construcción del Pentágono, y sigue siendo el tercero. Tiene un kilómetro de largo y 18 plantas, por lo que, aunque solo sea por sus dimensiones, merece la pena verlo.

