Iba a ver El Pan de los Ángeles, la exposición de obras de la Galleria degli Uffizi, pero de esto ya hablamos en otro momento, ¿no?, porque (ya me lo habían dicho) el edificio en cuestión merece la pena, con Uffizi y sin Ufizzi.
Aunque ya sabía de qué iba, más o menos -el 13 de febrero se inauguró a bombo y platillos- uno se pregunta siempre hasta qué punto puede ser bonito un edificio pensado para ser puramente utilitario. Porque eso es lo que pretendió en su momento Jesús Carrasco y Encina, el arquitecto, con José María Hernández, el ingeniero industrial responsable de la maquinaria, allá por 1899.
Y, aunque dudo que las fotos hagan justicia al invento (estaba nublado y medio lloviendo cuando las hice), me parece que el resultado conseguido por el equipo de Herzog & de Meuron es francamente bueno. Parece mentira que una “cosa” tan poco “artística” como una “fábrica de luz” pueda convertirse en un edificio interesante por fuera y por dentro.
La fábrica, en ladrillo visto, estaba formada por dos grandes naves paralelas con un lucernario central y con fachadas de doble vertiente (en la foto puede apreciarse), una estructura característica de las centrales eléctricas que se construyeron en Madrid a finales del siglo XIX y principios del XX.
Se han conservado las fachadas originales de la antigua fábrica, aunque el edificio ha pasado de los 1.934 m2 de superficie que tenía a los actuales 8.000, aproximadamente, en 7 niveles, de los que 2 están bajo rasante, y se ha eliminado el zócalo de granito que rodeaba la antigua fábrica de luz. Se abre a una plaza que llega hasta el Paseo del Prado y está delimitado por las calles Gobernador, Alameda, Cenicero y Almadén.
Precisamente en esa plaza está el soberbio jardín vertical diseñado por Patrick Blanc. Me resulta verdaderamente atractivo. Son 460 metros cuadrados, con 15.000 plantas de 250 especies diferentes. Y es interesante ver cómo está concebido: las plantas están sobre una especie de lienzo regado constantemente con agua que se recicla desde la base. El lienzo contiene también las sales minerales necesarias para el mantenimiento del tapiz, por lo que, en principio, no requiere un mantenimiento costoso.
En cuanto al interior, la distribución puede apreciarse muy bien en el Tour virtual de La Caixa. La entrada se abre a un “metalizado” e iluminado vestíbulo. Impresionan las formas de la luz, reflejada en la decoración metálica.
Desde allí, se puede subir en ascensor hasta la cafetería, en la planta superior, con una vista interesante. Pero, ¿qué quieren que les diga?, me encantó la escalera, el juego de luces y sombras sobre un blanco que puede parecer anodino. Así que aquí queda la foto.
En resumen, un conjunto verdaderamente interesante. Situado frente al Jardín Botánico y muy cerca del Museo del Prado, el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Me lo anticiparon y tenían razón: con independencia de las exposiciones, actividades culturales y demás, merece la pena visitar y darse una vuelta por este edificio, muestra (muy bien reformada) de la arquitectura industrial de Madrid.

