De acuerdo: Madrid no es, precisamente, un destino típico de veraneo, pero, para los provincianos, encierra múltiples atractivos, además de que, al estar medio vacía la ciudad, uno se mueve con más facilidad.
Si al visitante le gusta la pintura, seguro que piensa en el Museo del Prado, pero en absoluto es lo único al respecto y hay algún pequeño museo que merece la pena visitar. En el número 37 de la calle del General Martínez Campos, de Madrid, en el que fuera domicilio madrileño de Joaquín Sorolla y Bastida, está el Museo Sorolla.
El museo en cuestión alberga la mayor colección de trabajos de quien la Encyclopaedia Britannica dice que fue un pintor español cuyo estilo era una variante del impresionismo. Es la que se conoce como luminismo, caracterizado por aprovechar al máximo la luz, los contrastes y la riqueza expresiva del color y, muy especialmente, del blanco.
El museo conserva aceptablemente bien el taller y parte de la vivienda del pintor. En el taller, un gran salón cuyas paredes están cubiertas de cuadros, se ven varios caballetes que sostienen otras tantas pinturas, entre las que hay un autorretrato del pintor de cuerpo entero. Esa disposición es la misma que en vida del artista: Sorolla solía trabajar en varios cuadros al mismo tiempo, por lo que tenía distribuidos los caballetes por todo el taller.
La estancia es muy espaciosa y está coronada por esta gran claraboya que inunda el espacio de luz natural. El mismo pintor participó en su diseño.
Por lo demás, al final de la visita, el museo ofrece, en el sótano de la casa, un interesante audiovisual que sirve de repaso a la biografía y la obra del pintor.
Y, aunque lo interesante de una pinacoteca sean los cuadros que en ella se exponen, el entorno del museo también cuenta. Cuando lo visité, Madrid “disfrutaba” de las temperaturas máximas del país, por encima de las de Sevilla y Córdoba… Es fácil imaginarse el descanso que supone dar una vueltecita por el jardín del caserón..
Así que, si estás en Madrid o pasas por allí y te gusta la pintura, quizá te apetezca darte una vuelta por la que fuera casa de Joaquín Sorolla. La entrada solo cuesta 2,40 € y, si vas en domingo, es gratis.
















