Brokeback Mountain es la historia de un amor imposible. Nada más; y nada menos. La única particularidad por la que aún hoy en día su argumento es provocador, es que se trata de una historia de amor entre dos hombres. Pero no se ha quedado aquí la provocación de Ang Lee, ya que estos dos hombres son cowboys a mitad del siglo pasado. Si hay una imagen que esté asociada a la hombría en Estados Unidos, esa es la del cowboy, por lo que está claro que Ang Lee sabía bien donde se metía.
Todo empieza de una forma muy normal: dos jóvenes se ofrecen para cuidar un rebaño de ganado durante el verano. Su trabajo les obliga a permanecer varias semanas en la montaña, totalmente aislados. Ni siquiera permanecen juntos durante el día, ya que mientras que uno vigila el ganado el otro se queda en el campamento preparando la comida. Pero pronto les ocurrirá algo que cambiará el resto de sus vidas…
El comienzo de la relación entre los dos personajes es muy apasionado, lo que puede resultar sorprendente para el espectador, aunque seguro que no lo sería en caso de tratarse de una pareja heterosexual. Este es el único supuesto exceso que se ha permitido Ang Lee, ya que el resto de la trama transcurre con una asepsia un poco mosqueante, pero que supongo necesaria si no quería ver etiquetada su creación como cine gay en un país que se vuelve del revés cuando se ve una teta en televisión. En cualquier caso, se agradece que Ang Lee no haya caído en el morbo fácil y, salvo esa escena inicial, prescinde de escenas de cama para ilustrar la relación entre los protagonistas. Dicha relación imposible se extiende a lo largo de varias décadas en las que los protagonistas viven su vida pública de heterosexuales modelo a la vez que mantienen en secreto su prohibida relación.
Aunque los dos actores están bastante bien, Heath Ledger destaca en la pareja (lo que ha valido la nominación para ganar el Oscar al mejor actor en un papel principal), frente a su compañero Jake Gyllenhaal (que, curiosamente, también ha sido nominado, pero para el Oscar a mejor actor en un papel de reparto). Muy interesante resulta también el trabajo de Michelle Williams, en el papel de esposa y que también le ha valido una nominación. Muy curioso resulta como va avanzando el tiempo en la historia y como va cambiando el aspecto de los personajes, así como de su entorno. Hay un montón de pequeños detalles muy cuidados que sin duda serán más apreciados por el público americano, pero que incluso en España logran transmitir el cambio de los tiempos.
Brokeback Mountain tiene mucho de alegato, de intento de establecer un punto de inflexión a partir del cual la sociedad acepte como natural algo que incluso ha sido -y sigue siendo- tachado de enfermedad. Hay que alabar por tanto la valentía de Ang Lee por atreverse con un tema tan delicado en una sociedad como la americana y tenemos que aplaudir la gran sensibilidad con la que lo ha hecho. Cualquiera que vea esta película tendrá que aceptar lo evidente: que el amor que hay entre dos personas del mismo sexo puede ser el mismo que hay en entre una mujer y un hombre. Y cualquiera que piense lo contrario simplemente está equivocado.
Me ha gustado: La sorprendente interpretación de un para mí inesperado Heath Ledger.
No me ha gustado: La, posiblemente necesaria, asepsia con la que se trata la relación después de la primera escena.
Lo mejor: La valentía del director Ang Lee al tratar un tema que tanto rechazo social provoca.
Lo peor: En algunos momentos tiende al melodramatismo.
Curiosidades: Antes de Ang Lee, Gus Van Sant y más tarde Joel Schumacher se interesaron en el proyecto.
Espectador recomendado: Es una película lenta en algunos momentos y que se centra en los diálogos y en la relaciones entre personajes. Tu sabrás.














Estoy casi por completo de acuerdo, y digo casi porque la “lentitud” que puede achacarse a la película me parece poco menos que obligada. El tratamiento del tema del “amor imposible”, nada nuevo, por otra parte, en las artes narrativas, que, como señalas, crea unas dimensiones nuevas por la homosexualidad de los protagonistas y su carácter de “tipos duros”, es, en mi opinión, perfecto. Me ha encantado la descripción de la progresión de los sentimientos de ambos personajes y el retrato de las situaciones creadas en sus respectivos entornos. Es de las películas en las que los personajes cobran vida propia: son de carne y hueso, la interpretación es soberbia. Sí es probable que, de haberse tratado de una relación hetero, las escenas de cama hubiesen sido más abundantes, pero su ausencia no disminuye en absoluto la tensión erótica entre los personajes, mérito que hay que adjudicar a Ang Lee. También me ha dado una sensación de exquisitez en cuanto a los detalles, desde el paralelismo de los grandes planos generales de las secuencias de apertura y conclusión de la película hasta las pinceladas que jalonan el decurso del tiempo. En resumen, sin atreverme a hacer una “crítica cinematográfica”, sí tengo que decir (por si no se ha notado a estas alturas) que Brokeback Mountain me ha gustado mucho. Por lo demás, sigo sin entender las reacciones de los llamados “sectores conservadores”, que me recuerdan la “fiebre vaticana de las hojas de parra”, reacciones que, por otra parte, quedan muy bien retratadas en el filme.
Creo que la peli es un pestiño. Es muy aburrida y la fotografía, aunque está muy bien realizada, tiende a ser cursi. Lo primero que habría que evitar al hablar de la película es calificarla como una historia de amor. Es más bien atracción física y sexual. Creo que con lo que las escenas dejan entrever de la historia de los dos vaqueros no se puede concluir que sea amor lo que sienten el uno por el potro. Por otro lado, está llena de los tópicos que la comunidad gay tanto rechaza. Probablemente de manera no intencionada, pero lo está. Por eso no entiendo que sea tan alabada por este colectivo. Quizas porque es lo único decente que se ha hecho últimamente respecto a la homosexualidad. Pero obras maestras que abordaban esta temática ya existen.
Sinceramente, la película, como historia de amor, no vale más que para telefilme.
Un saludo