un centenario

Beckett_Scarf2.jpg Hoy hace 100 años que nació en el barrio de Foxrock de Dublín. Muchos dicen que su obra es oscura y difícil. Sin embargo, Edward Albee, el autor de ¿Quién teme a Virginia Wolf?, dice que se queda profundamente desconcertado cuando oye decir: “ ‘¡Oh, es muy difícil!’ –o vanguardista, o complejo, o… ambiguo-”. Y añade que es un sinsentido enorme, “porque quizá… sea el dramaturgo más naturalista que conozco, así como el más claro y el menos oscuro. La ‘oscuridad’ está en que se da por supuesta la oscuridad”.

Shalman Rushdie dice de él: “La respuesta a la cuestión de la dificultad está en rendirse. Se entra en el texto y se abre una rara y raída flor. Deja de buscar lo que no es y empezarás a ver lo que es… Hablan los objetos. Un hombre que habla inglés de forma muy bella opta por hablar en francés, que habla con más dificultad, lo que le obliga a escoger sus palabras con mucho cuidado, y, después de toda esa búsqueda, vuelve a ponerlo en inglés, un inglés nuevo, que contiene toda la dificultad del francés; acuña el pensamiento en una segunda lengua, un inglés nuevo, con la capacidad de cambiar el inglés para siempre… Ésta es su gran obra… Ríndete”

Colm Tóibín dice que “le interesaba la conciencia como una forma de comedia próxima a la tragedia, y la lógica como un crimen, para castigar a sus perpetradores ofreciéndoles un número infinito de conclusiones lógicas absurdas”.

A la pregunta de si creía en Dios, su respuesta no podía ser más gráfica: “No existe, el hijo de puta”.

Todo el mundo reconoce que es uno de los más grandes literatos del siglo XX, y uno se pregunta si esas características aparentemente contradictorias se deben a su elocuencia especial, a base de palabras y silencios, de presencias y ausencias, de claridad y oscuridad. En todo caso, prescinde de artificios decorativos e interpela al espectador que, por eso mismo, deja de serlo. Así se comprenden las expresiones de Rushdie y de Albee. No en vano se le considera minimalista, especialmente en su teatro.

Sí, hoy hace 100 años que nació Samuel Bareluy Beckett, el autor de Esperando a Godot, su obra más conocida quizá, pero también de Compañía y de su trilogía, que nunca entendería él mismo como tal: Molloy, Malone muere y El innombrable, por mencionar sólo algunas de sus abundantes obras.

No voy a presentar aquí su biografía, que puede encontrarse en mil lugares en internet. Tampoco sé si mis apreciaciones acerca de Beckett serán de recibo para los expertos. No obstante, me resulta tremendamente atractivo: intelectualmente inquieto, curioso, viajero infatigable, deportista, crítico, activo, capaz de arriesgarse… En cuanto a su actividad literaria, tocó todos los palos: poesía, narrativa, ensayo, teatro… incluso quiso bucear en el cine… Un personaje así, ¿cómo no iba a ser incomprendido? A pesar de todo, gracias a su constancia en el quehacer literario, podemos seguir admirando su obra y, en permanente diálogo con ella… seguir haciéndonos preguntas.

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