Sí, aunque hoy hace 120 años que se produjo en los Estados Unidos la huelga general que acabaría dando lugar al Día Internacional de los Trabajadores, hoy también es un cumpleaños especial, aunque, ciertamente, no de la trascendencia sociopolítica de éste.
En 1827, la familia Astor compró un solar situado en las coordenadas: 40º 44′ 53,977″ de latitud N, y 73º 59′ 10,812″ de longitud O, y levantó allí el hotel Waldorf-Astoria.
Un siglo después, en 1929, el hotel fue demolido y un grupo de empresarios se propuso edificar en 19 meses el rascacielos más alto del mundo.
La excavación comenzó el 22 de enero de 1930 (la cimentación está a 16,7 metros bajo el suelo) y el 17 de marzo del mismo año empezó la construcción.
La primera piedra “original” fue colocada el 17 de septiembre de 1930, y digo “original” porque, hace 25 años, en 1981, se le añadió otra piedra conmemorativa.
El 1 de mayo de 1931 se inauguraba, en el 350 de la Quinta Avenida de la ciudad de Nueva York, entre las calles 33 y 34, un edificio emblemático, que tomaba el nombre del apelativo del estado de Nueva York: Empire State.
El Empire State Building es un edificio de oficinas, diseñado por William Lamb, del estudio de Shreve, Lamb y Hermon y de estilo art déco. Hasta la construcción de las tristemente famosas Torres Gemelas, fue, en efecto, el edificio más alto del mundo, con 443,2 m., contando con los 62 m. de la antena superior, y 102 plantas. Su estructura, de acero, se elevó a razón de 4,5 plantas por semana.
En su diseño, estaba previsto que, al cabo de los 381 m. de altura del edificio, donde hoy se encuentra la base de la actual torre de televisión, hubiese un mástil de amarre de dirigibles. En realidad, tras varios intentos sin éxito y el viento reinante a 411 metros, hubo que abandonar la idea. Cabe suponer que también influyese la electricidad estática que se acumula en la parte superior del edificio que, en determinadas condiciones, al pasar la mano por la barandilla del mirador, puede observarse en la punta de los dedos el fuego de san Telmo.
En 1933, su imponente mole fue llevada al celuloide, quedando plasmada en la famosa escena de King Kong, encaramado al edificio. Posteriormente, ha aparecido en un sinfín de películas.
Pero su existencia no ha estado exenta de problemas. En 1945, un bombardero B-25 Mitchell que volaba a baja altura, en medio de una densa niebla, chocó contra la planta 79. Murieron 14 personas y los daños materiales ocasionados se cifraron en un millón de dólares. Sin embargo, el accidente no daño la estructura del edificio.
Feliz cumpleaños, pues, al que durante tanto tiempo fuera el rascacielos más alto del mundo que, si perdió su “corona”, no por eso deja de ser, junto con la estatua de la Libertad, emblema de esa especialísima aglomeración urbana que es la ciudad de Nueva York.













