surrealismo kafkiano en parquimetrópolis

300px_Nuevo_Escudo_de_Madrid.svg.jpgEn Zooglea ya  hemos hablado de los  parquímetros de Madrid y la de la buena acogida que la población ha dispensado a estos chismes… Pero tenía ganas yo de vivir la experiencia ontológica (el dispositivo se llama “SER”)… Esto es lo que hay y así se lo cuento…

Como es bien sabido, el Ayuntamiento de Parquimetrópolis Gallardónica Pepera, además de saltarse a piola las normas de la Unión Europea y tener loco a todos los súbditos con “su” M-30, decidió crear y ampliar el SER (toda una hazaña que no se le hubiese ocurrido ni a Heidegger)

Después de implantar su SER, el baranda del negocio ha osado decir que en contra de los parquímetros solo hay 10 personas… Palabra que he tenido ocasión de contar más… En fin, el lugar al que voy en Madrid está en plena zona parquimetral, conocida como “Ciudad Jardín”:

En consecuencia, en estos tiempos informáticos e interneteros, acudí a la página web del ayuntamiento del lugar, para informarme de lo que había que hacer para poder aparcar… Básicamente, hay que conseguir un distintivo que acredite que el vehículo es propiedad de un residente… Y un forastero puede convertirse en tal si es “persona física”, está empadronado fuera de la Comunidad de Madrid, va a residir en un sitio aquejado por la “Zona de Regulación” y es dueño de un vehículo… ¡Tirado! Incluso, en Internet ofrecen la posibilidad de obtener la “solicitud” del distintivo e indican el precio por mes: 2,05 €… Tampoco es tanto…

Pero también indican amablemente los documentos que hay que presentar y adónde acudir para realizar los trámites… y aquí empieza el surrealismo kafkiano-policial…

A pesar de Internet, el Ayuntamiento de Madrid exige que el “residente de mentira” haga los trámites personalmente. Además, si el forastero va por motivos no laborales, lleva su coche (pero “suyo-suyo”) y va a residir en una casa particular, tiene que presentar su DNI y fotocopia, certificado de empadronamiento del lugar en el que vive, el permiso de circulación del vehículo, cuyo propietario ha de ser el mismo forastero y su domicilio ha de coincidir con el del susodicho, y fotocopia, una declaración jurada de la persona propietaria de la casa en la que vaya a residir de que, efectivamente, allí va a estar, DNI y fotocopia de esa persona y, como guinda, una declaración jurada del forastero de los motivos que le llevan a Parquimetrópolis.

Hasta aquí, las condiciones… A continuación, los hechos:

Cuando acudo a la metafísica sede son las 10:30: tengo que coger un número y esperar a que me llamen en un exiguo vestíbulo con unos 10 asientos y una escalera. Hay bastantes personas esperando. Salgo a tomar un café, doy un paseo y regreso… ya queda menos… Cuando me toca (hay dos funcionarios atendiendo), el buen señor mira los papeles que llevo y me pregunta por el DNI original de la dueña de la casa… Le digo que no lo tengo… Me pregunta si tengo todo lo demás y le digo que sí… El hombre piensa un poco y me dice: “Cuando suba a la tercera planta, coja número y, cuando le toque, vaya a la ventanilla 10, que, si no, puede encontrarse con alguien más exigente que le haga volver otra vez” (o sea, que la cosa va de favor y buen talante…).

Y es que así va el trámite: cuando, con conciencia de pakistaní en Inglaterra, termino la “gestión” en Información, tengo que subir a la susodicha planta 3ª, tomar un nuevo número y… sentarme a esperar (aquí hay más asientos)… El caso es que, cuando me toca, decido ir a la ventanilla que señala el panel luminoso (la 2) y olvidarme de la 10… Me acerco temiendo que me echen para atrás… pero no. Se ve que el funcionario no se ha peleado con su pareja y se ha levantado feliz… y no mira un solo original… incluso cuando descubre (y yo también) que hay un sujeto en Madrid que tiene el mismo número de DNI que yo… Podía haber presentado lo que me hubiese dado la gana… Pero no acaba aquí el trámite… El feliz funcionario me entrega un impreso por triplicado… Es el “abonaré”…

Tengo que ir a pagar 2,05 € a un banco… En el banco se quedan con un papel y con el dinero. Ahora, he de volver a “Caja” (en mi candidez, yo creía que “caja” era el sitio en el que se cobraban-pagaban cosas… pero, por lo visto, no)… Me pongo en cola (esta vez es corta) y, cuando me toca, entrego otro papel y me dan un historiado distintivo que me autoriza a aparcar mi coche en las “plazas verdes” de mi zona…

Cuando salgo del SER son las 13:00… Por la Gran Vía, veo dos coches de la Policía Municipal… me siento incómodo… ¿De verdad interesa que los forasteros vengamos a Madrid?

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