Primero, una advertencia sobre el “I”. Estaba redactando el post y salía una cosa muy larga, así que, como el tema me parece interesante, decidí “trocearlo”… Del resultado… ustedes dirán…
El caso es que las neuronas y, más en concreto, las neuronas espejo están de moda. Hace unos días, en menéame aparecía un post con un curioso título: Las neuronas espejo te ponen en el lugar del otro. El post en cuestión remitía, como es lógico, a otro, en este caso de NovaCiencia, con el mismo título, que hacía referencia, a su vez, a El país.
Los títulos de los posts y del mismo artículo de El país son, al parecer, palabras del señor de aquí al lado, Giacomo Rizzolatti, catedrático de Fisiología (Departamento de Neurociencias) de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Università degli Studi di Parma. El profesor Rizzolatti es uno de los descubridores de las neuronas espejo y, evidentemente, una autoridad mundial en el campo de la neurofisiología.
A pesar del “peso” de la autoridad (que, evidentemente, lo tiene), me resulta difícil de justificar el salto epistemológico desde el funcionamiento de sistemas de neuronas a la comprensión de las intenciones del otro. Así que procuré acercarme a las “fuentes”, a ver qué sacaba en limpio, porque, francamente, en estas cosas, de los periódicos no me fío. A propósito, rebuscando en El país, di con este magnífico ejemplo del motivo por el que no me fío: el título es (¿cómo no?) Neuronas espejo; el firmante de la cosa: un tal José F. de la Sota, al que seguro que le pagan por decir tales cosas.
No he tenido oportunidad de ver siquiera el resumen del artículo publicado en Science, según dice El país. Sin embargo, sí he dado con un intersantísimo artículo titulado: Grasping the Intentions of Others with One’s Own Mirror Neuron System (o sea: “Captar las intenciones de otros con el propio sistema de neuronas espejo”), firmado por: Marco Iacoboni, Istvan Molnar-Szakacs, Vittorio Gallese, Giovanni Buccino, John C. Mazziotta, Giacomo Rizzolatti, y publicado en PLOS Biology.
El punto de partida o, más bien, la fuente de inspiración de los investigadores es impecable e interesante, desde los puntos de vista de la psicología, de la psicología social, de la antropología, de la ciencia cognitiva y de la neurociencia (disciplinas cuyos objetos de investigación se solapan en muchas ocasiones): están convencidos de que, para desenvolverse adecuadamente en la sociedad, cada sujeto tiene que tratar de comprender las intenciones de los otros, adivinar lo que van a hacer, para actuar en consecuencia. Lo que, desde mi punto de vista, no está tan claro, es la conclusión que extraen.
Veamos. Casi todo el mundo sabe lo que significa la señal de aquí al lado. Los psicólogos estarán muy probablemente de acuerdo en que la señal en cuestión es un estímulo discriminativo cuyo origen está en la asociación entre esa señal y un lugar en el que aparecen pintadas unas franjas en el suelo. El área en la que tales franjas aparecen (otro estímulo discriminativo) se asocia, a su vez, con una zona que los peatones pueden cruzar con preferencia sobre los vehículos. En consecuencia, tanto los peatones como los conductores están informados de ello: lo saben.
Sin embargo, a juzgar por campañas publicitarias como la que ilustramos aquí y uno de cuyos anuncios era también este de la derecha, en el que las franjas están formadas con los nombres de peatones atropellados en este tipo de zonas, no parece que sirvan de mucho estos estímulos. De hecho, si voy a cruzar por un paso de cebra, sabiendo lo que significa y con independencia de la razón legal que tenga para ello, trato de averiguar las intenciones del conductor que se acerca, adelanto cautamente una pierna y, en segundos, observo el movimiento del vehículo que se aproxima; con esa información, tomo mi decisión. Por su parte, el conductor, que va con prisa, hace lo propio con respecto a mí; como ve mi movimiento de adelantar la pierna, pisa el freno. ¿Qué pasa si él o yo interpretamos mal las señales que cada uno emitimos?… Como poco, el hospital, claro.
Tenemos, por tanto, una información previa, lo que, de alguna manera, implica que, tanto el conductor como el peatón, están en sintonía en cuanto a los significados, lo que supone, a su vez, que ha de darse una cierta coincidencia de patrones de excitación neuronal… Pero todo ello son suposiciones.
Los investigadores son neurólogos y, en consecuencia, quieren descubrir los mecanismos neurales y funcionales que subyacen a esta facultad de discernimiento y puedan explicarla. Obsérvese que no van a estudiar comportamientos humanos como tales, sino mecanismos neurales. Los antecedentes están en el funcionamiento de las neuronas espejo en primates. Han observado patrones de disparo neuronal en áreas motoras no solo cuando el sujeto planea o realiza un movimiento, sino también cuando ven el movimiento realizado por otros sujetos, es decir, la coincidencia de patrones a la que he aludido antes. En la investigación que presentan utilizan la formación de imágenes por resonancia magnética funcional.
¿De verdad habrán conseguido nuestros amigos investigadores lo que dicen que han conseguido?














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