La comparación se me ocurrió sobre la marcha, en la calle de Serrano de Madrid…
Esto de la izquierda es la susodicha calle madrileña: en un solo sentido, cinco carriles de circulación general, un carril bus, un carril para aparcamiento y dos aceras amplias.
Por lo visto, allí también se planteó el problema de reservar el carril bus de manera que no lo invadiesen otros vehículos, dificultando la marcha de los autobuses urbanos, así que, como no conocían los de Sevilla, adoptaron esas cosas que se ven en la foto.
Esto de la derecha es la calle de Recaredo de Sevilla: dos carriles de circulación general y un carril bus, en un sentido; un carril de circulación en el sentido opuesto que, en principio, sería para el transporte público; un carril bici de doble sentido; una acera de mediana anchura con obstáculos y otra de ancho reducido.
Como ya sabemos, se optó por otra clase de separadores, mucho más visibles para los ciudadanos que, como todo el mundo sabe, en Sevilla al menos, son un poco miopes. Admirable es su integración en el paisaje urbano, que otorga a tales separadores un carácter agradablemente prominente (obsérvese la proporción entre la altura de los separadores y las carrocerías de los coches).
Sí, sí, ya sé que la “comparación sin acritud” puede tomarse como una forma de “atacar” más o menos despiadadamente a alcaldes y políticos locales, pero no pretende tal cosa, sino destacar hasta qué punto los mismos problemas pueden dar lugar a “soluciones técnicas” diferentes…

Obsérvese, en todo caso, que la solución “sevillana” (a la derecha) se inclina por la marmolillodiversidad, frente a la monotonía madrileña (a la izquierda)…
Pero, vamos, la opinión es libre, así que opinen, si lo desean. La decisión urbanística es otra cosa.














Me gusta más lo que han hecho en Madrid. Lo que Monteseirín ha hecho en Sevilla es una chapuza. Sobre todo en el cruce con el puente san bernardo, cuando dos carriles se convierten, por obra de magia en uno solo.
Es una pena.