Si es cierto que el verano sirve, en parte al menos, para “desorganizarse”, también lo es que da ocasión para hacer cosas que uno no hace todos los días.
En el capítulo desorganizativo, tengo que entonar un mea culpa por no haber respondido al premio-invitación que nos concedió IGUALES EN LAS TRES MIL, como “blog que hace pensar”. Aunque no hayamos seguido la cadena (personalmente, no me atraen demasiado), agradecemos mucho la distinción y si, además, es cierto que hacemos pensar, miel sobre hojuelas. Esperemos seguir haciéndolo. Pensar es un buen deporte.
En el haber del otro capítulo, hay que incluir la visita a la exposición que no hace mucho comenté aquí. No fue la única. Esta de aquí, que sigue abierta hasta el 7 de octubre también cayó.
Ya sé que Joachim Patinir no es lo que se dice un pintor conocido… pero de verdad que merece la pena conocerlo.
Para hacernos una idea de quién era el buen señor, digamos que vivió (aproximadamente) entre los años 1485 y 1524. Se sabe que nació en algún lugar de lo que hoy es el sudeste de Bélgica, pero no mucho más. Sí tenemos la certeza de que, desde 1515, trabajó en Amberes, donde redisiría hasta su muerte. Con respecto a su pintura, baste decir que el mismísimo Durero lo llamaría der gute Landschaftmaler o, para entendernos, “el buen pintor de paisajes”
El Museo del Prado, primera pinacoteca del mundo, que está procediendo a un estudio muy minucioso de la obra de Patinir, presenta la primera exposición dedicada al pintor, que reúne la mayor parte de los cuadros atribuidos a Patinir y a su taller, y permite observar la evolución de su estilo, desde los primeros cuadros, de pequeño tamaño, que se supone pintados en el primer decenio del siglo XVI, hasta sus grandes obras maestras, pintadas probablemente poco antes de su muerte.
La exposición incluye también algunas obras de artistas anteriores, con el fin de mostrar la evolución de la pintura de paisajes, con cuadros de artistas de la talla de Robert Campin, Van der Weyden, Memling, Gerard David o El Bosco, así como otras de pintores posteriores del siglo XVI en los que influyó decisivamente Patinir, como Quinten Metsys, Joos van Cleve, Bernard van Orley, Simon Bening y Herri met de Bles. Al decir de los organizadores de la exposición, con estos cuadros se pretende llamar la atención sobre las dos razones de la importancia de Patinir en la historia del arte: la originalidad y calidad individual de sus obras, y su papel dentro de la evolución de la pintura de paisaje.
La parte principal de la exposición se centra en 22 cuadros de Patinir, la mayor representación de obras del artista que se ha reunido nunca. En la época del pintor, era habitual que trabajase en colaboración con su taller y la muestra trata de delimitar qué obras fueron pintadas por el artista y cuáles por sus discípulos.
La exposición combina dos criterios de organización, el cronológico y el estilístico. Las salas dedicadas a los cuadros de Patinir no solo muestran la originalidad de su estilo sino los problemas que planteara su producción. Las obras se agrupan atendiendo a las similitudes de las diferentes versiones que hace de un motivo, como de ciertos episodios religiosos. Su progresivo dominio del paisaje brilla en todo su esplendor en sus grandes pinturas tardías. Una de ellas es Paisaje con San Cristóbal del Monasterio de El Escorial (a la derecha), un óleo sobre tabla, de 127 x 172 cm., pintado hacia 1520-1524.
Otra es El paso de la laguna Estigia, un óleo sobre tabla, de 64 x 103 cm., que pertenece a la colección del Museo del Prado.
Para terminar, en la muestra también figura este imponente tríptico con San Jerónimo penitente, el bautismo de Cristo y las tentaciones de San Antonio, óleo sobre tabla, cuya tabla central mide 127 x 81 cm. y sus tablas laterales, 127 x 44 cm. Fue pintado en torno a 1515-1516. Es de la colección de The Metropolitan Museum de Nueva York.
Al lego en pintura (como yo) le llama poderosamente la atención el color de fondo, la enorme variedad de tonos azules dispuestos de manera tan hábil que dan una fantástica luminosidad al conjunto. Por supuesto, la composición de los cuadros llama poderosamente la atención. Aunque en nuestra época estemos muy acostumbrados al color y a la imagen y al juego de sensaciones que puede conseguirse con ellos, no deja de imponer la profundidad que imprime Patinir a sus cuadros, sin abandonar la minuciosidad de los detalles.
En resumen, si tienen ocasión, no dejen de ver la exposición y, una vez finalizada la visita… dense un paseíto por el Prado…














Ya me imaginaba yo que el meme-premio quedaría aquí sin continuidad. Pero no por ello había que dejar de reconocer lo que hacéis fantásticamente.
Respecto al post…
Me entusiasman ste tipo de pintores, desconocidos para el gran público pero enormente interesantes, y que aportaron muchísimo más que los “grandes maestros”. Es impensable la pintura contemporánea sin sus pequeños-grandes hallazgos. Muy interesante una vez más.
Saludos.
[...] En los años 90, Alessandro acepta también la colaboración de su hijo Cristofano y las novedades que aporta la pintura de Paul Brill, cuyos paisajes recuerdan los de Patinir, y también él introduce paisajes amplios. [...]