¡La que se ha montado a costa de los “dichos” del Sr. Martínez -D. Juan Antonio-, obispo auxiliar de Madrid, jesuita y secretario general de la Conferencia Episcopal Española.
Confieso que nunca me ha caído bien el obispo Martínez. Sé que su currículum es muy notable, pero no me parece que sea suficiente para contrarrestar una imagen chulesca (así me lo parece) que no dice mucho en su favor, con independencia de ideas y opiniones. Sin embargo, aunque, como todo hijo de vecino, tenga todo el derecho a expresarse, un “desayuno informativo” no me parece el sitio adecuado para hacer imputaciones, disfrazadas de “informaciones”, sobre todo cuando amenaza claramente a los políticos de confesión católica con censuras eclesiásticas… en pleno siglo XXI. Por cierto, las “censuras” con las que amenaza el bueno de Martínez no son -como han interpretado muchos- la excomunión. Martínez, que de tonto no debe de tener un pelo, sabe todo eso y más. Me da la sensación de que lo que pretendía lo ha conseguido: que los políticos entrasen al trapo.
Pero vamos por partes. Es obvio que quienes aprueben al proyecto de ley que motiva todo esto no coinciden con las ideas de la jerarquía católica. Eso lo sabe todo el mundo. Pero, ¿qué hace el proyecto de ley? A mi entender, despenaliza, es decir, libera a determinadas personas de ir a la cárcel en determinados supuestos, o sea, pretende hacer lo que, al decir del obispo Martínez, quieren los obispos mismos. A nadie se le obliga a abortar. Es una cuestión legal, no moral, aunque tenga, desde luego, connotaciones morales. Los políticos tienen que legislar para todo el país, no solo para los católicos.
Evidentemente, desde el punto de vista de la “moral católica oficial”, el aborto no es admisible, puesto que interpreta que, desde el momento en que hay un cigoto humano, hay un ser humano. Nadie debería escandalizarse por la respuesta católica oficial: es estrictamente lógica. Otra cosa es que la ecuación sea realmente así. Todas esas cuestiones habrá que tratarlas, sin desprecios por parte de los y las abortistas, sí, pero sin amenazas de los anti y, mucho menos, sin declaraciones fuera de lugar y, por cierto, un tanto curiosas, en mi opinión, incluso desde la óptica del Código de Derecho Canónico. Al menos a mi entender, los cánones 455, 1339, 1340 parecen dejar estas cosas en manos de los obispos de cada diócesis, los “ordinarios” y no en las de la Conferencia Episcopal, y menos en las de su Secretario y Portavoz.
En todo caso y en el contexto de la intervención del obispo Martínez, me llama poderosamente la atención que osara decir: “El mandato de no matarás no es un principio moral privado, sino un principio universal”… ¿Desde cuándo, hasta dónde, con qué restricciones, en qué sentidos, con respecto a qué…? Creo que no está por venir la primera “guerra religiosa”, las primeras “oraciones para que ganen los nuestros”, las primeras “ejecuciones” y un larguísimo etcétera. Hay cierta incongruencia y no en la “práctica”, sino en la “doctrina” incluso.
Particularmente, soy un pelín alérgico -cada vez más- a los “principios” absolutos; tampoco creo que el aborto sea precisamente un “derecho”, más me parece la certificación de un fracaso social y, a veces, estrictamente personal; pero, de ahí a la cárcel… me parece que debe haber un abismo. No obstante, todo esto son puras opiniones mías, susceptibles de discusión (a poder ser, civilizada), y que, como tales, pueden estar equivocadas, naturalmente…