… si hemos de creer a la leyenda, en no pocos hogares, sobre todo en Holanda y en Bélgica, a los pequeñines reacios a dormirse, entre inquietos y desvelados, sus madres les hacen encogerse amedrentados con la misma amenaza:
¡Que viene el duque de Alba!
…
Me gusta la historia y me gustan los libros de historia. Si el libro en cuestión se refiere a algún episodio o personaje del siglo XVI y, encima, su autor es Manuel Fernández Álvarez, cuento con la garantía de uno de los principales expertos, si no el pricipal, en la materia, que maneja una documentación abundante y precisa y cuyo estilo resulta agradable de leer. No quiere decir esto que todo esté bien. Fernández Álvarez tiene ciertas “manías” que no casan bien con la categoría de un catedrático, escritor, miembro de la Real Academia de la Historia: utiliza impropiamente el verbo “detentar”, en vez del adecuado “ejercer“; emplea no del todo correctamente algunas preposiciones y artículos y comete algunos otros errores de este tipo. Por otra parte, no entiendo muy bien, por ejemplo, la razón de utilizar reiteradamente la expresión “liga de Schmalkalden”, con el topónimo alemán, en vez de “liga de Esmalcalda“, como es conocida en castellano, y hablar, sin embargo, de las “Vistas de Bayona”, en vez, en ese caso, de utilizar el francés…
De todos modos, esos peros no logran reducir el valor de una obra que nos revela las luces y las sombras de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III Duque de Alba, su indiscutido e indiscutible genio militar, su dureza y crueldad con los enemigos, aunque la responsabilidad de tales comportamientos no fuese solo suya, sino también del mismo rey Felipe II, si bien este tirara la piedra escondiendo la mano…
Deja patente también la cordial relación que el duque de Alba mantuvo con el Emperador Carlos V y la menos que tibia que tuvo con el hijo de aquel, Felipe II. Ciertamente, no queda bien parado este último, cuyo comportamiento con el Duque fue mezquino hasta el final.
Quizá la personalidad, compleja pero cristalina, del Duque quede bien recogida en el indisimulado reproche que, ya cercana su muerte, le dirige a Felipe II cuando este acude a visitarle a Lisboa, después de haberle denegado el Rey la licencia para retirarse a Alba de Tormes, manteniéndolo alejado en la capital del reino que para él había conquistado:
Tres cosas diré a V.M.: la una es que no se ofreció negocio vuestro, aunque fuese muy pequeño, que no le antepusiese al mío, aunque fuese importantísimo; la segunda es que mayor cuidado tuve siempre de mirar por vuestra hacienda que por la mía, y así no os soy en cargo de un solo pan a vos ni a ninguno de vuestros vasallos. La tercera es que nunca os propuse un hombre para algún cargo que no fuese el más suficiente de todos cuantos yo conocía para él, pospuesta toda afición…
En resumen, me parece que, para comprender un poco los acontecimientos del siglo XVI, en los que, para bien y para mal, tuvo España papel tan destacado, es preciso conocer bien la figura del III Duque de Alba, sus relaciones con príncipes y reyes y su inquebrantable lealtad. Se trata, pues, en mi opinión, de un libro muy recomendable.
En cuanto a su autor, Manuel Fernández Álvarez, es doctor por la Universidad Central de Madrid (1947) y por la Universidad de Bolonia (1950) y ha sido investigador del CSIC, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Salamanca. Fundó el Colegio Universitario de Zamora y es miembro de la Real Academia de la Historia, Académico de Mérito de la Academia Portuguesa de Historia, catedrático emérito de la Universidad de Salamanca y del Colegio Libre de Eméritos. Profesionalmente, ha dedicado más de cincuenta años al estudio del siglo XVI.
El Duque de Hierro. Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba. Manuel Fernández Álvarez. Madrid: Espasa Calpe, 2007. ISBN: 9788467026252.