Pese a lo conocidas que son las obras de El Buen Doctor, o precisamente por ello, en los círculos de popes de la ciencia ficción no faltan los que crítican sus novelas por ser algo simplistas y por tener una construcción de los personajes bastante plana, muy volcada a las necesidades de la propia historia. Por otro lado, sus defensores alegan que donde unos ven simplismo, lo que en realidad hay es una aproximación muy asequible a unos temas que no lo son tanto, con lo que sus obras son para todos los públicos. Personalmente, encuentro que sus libros son fáciles de leer, pero esto no está reñido con temas que dan mucho que pensar. Esto es lo que ocurre con El Fin de la Eternidad, que mezcla con bastante habilidad una historia de amor con los viajes en el tiempo.
El protagonista de la novela es un habitante de La Eternidad, un lugar de la existencia que trascurre fuera del flujo normal del tiempo, por lo que tienen acceso a cualquier momento de la historia de la Tierra. El objetivo de La Eternidad es vigilar la historia en su conjunto y realizar pequeños cambios en ciertos puntos de la línea temporal, con el fin de evitar grandes males en el futuro. Por supuesto, las normas que tienen que seguir los eternos son estrictas y todo se complicará cuando una mujer de la realidad se cruce en el camino de Andrew Harlan.
El libro plantea algunas de las paradojas clásicas sobre viajes en el tiempo y la resuelve con cierta elegancia. Además, la trama de la que se vale para volcar todas las ideas acerca de este tema tiene un ritmo creciente, que anima a seguir leyendo sólo una página más.
En definitiva, una lectura muy recomendable para aquellos que normalmente no se acercan a la ciencia ficción. Y para los ávidos lectores de hard scifi, adoradores de Greg Egan, tampoco está de más echar un vistazo a la ciencia ficción de hace medio siglo.
El Fin de la Eternidad. Isaac Asimov (trad. Fritz Sengespeck ).
Martínez Roca, 1981. ISBN: 9788427004313 .

