El pasado día 27 se celebró la “recepción como académico de número de don Javier Marías, quien leyó el discurso titulado Sobre la dificultad de contar“, como indican la páginas de información de la Real Academia Española.
Me han gustado las reseñas del acontecimiento publicadas en El País y en El Mundo, que dan una idea bastante adecuada de algunos aspectos del discurso enlazado, aunque merece la pena leerlo entero. En mi opinión, no tiene desperdicio.
Con independencia de promociones editoriales, se trata, en mi opinión, de uno de los mejores escritores actuales en lengua española. Sabe castellano y ejerce como sabedor del mismo, y sabe inglés (amén de algunas otras lenguas) y también ejerce como tal. De ello resulta una escritura entretenida, tensa, crítica, que utiliza el párrafo largo, con la evidente dificultad que plantea esa forma a la hora de mantener la atención del lector… y la mantiene.
Creo, pues, que su ingreso en la Academia es sobradamente merecido.
Claro que no todo el mundo piensa lo mismo… Pero, en fin, no todos tenemos las ideas tan claras, la cultura y la educación de, por ejemplo, todo un “doctor en Derecho por la universidad de Bolonia, doctor en Filología Hispánica por la de Sevilla y licenciado de en Física Teórica por Heidelberg. Soy también el único español, en toda la historia, que más se ha ocupado –veinte libros- del género literario novela, desde los puntos de vista histórico, crítico, sociológico y estético”. Se llama Manuel García Viñó y, por supuesto, tiene sus seguidores. Juzguen ustedes mismos: lean este artículo publicado en Rebelión, este post de 19 de mayo de 2006 de La senda de los libros y los sucesivos comentarios que siguen.
En fin, hay opiniones para todo, pero a mí me sigue gustando, y mucho, la literatura de Javier Marías.


Personalmente, me importa un rábano que un ministerio tenga al frente a un o a una titular. En cuanto a
En contra de lo que piensan los “ultras” del 

Pues bien, el otro día pasé por la avenida de la Constitución de Sevilla (hacía tiempo que no pasaba por allí)… y me acordé de esta última escena…