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lunes 10 de diciembre

el método Grönholm

20071210_JG.jpg20071210_gr__nholm.jpgOtra vez he ido al teatro, al Lope de Vega de Sevilla (otro día, quizá les hable de este precioso e incomodísimo teatro). La obra: El método Grönholm, de Jordi Galcerán (a la derecha). Dice el autor que la obra se gestó en mayo del 2003 en unos talleres del Teatre Nacional de Catalunya. Las expectativas: que se representara durante dos semanas en un ciclo de nuevos dramaturgos. La obra se inspiró en una anécdota que, aunque sea ya muy conocida, quizá merezca la pena recordar: en una papelera de Barcelona, se encuentra una serie de documentos en los que alguien del departamento de personal de una cadena de supermercados había anotado sus impresiones sobre las posibles candidatas a un puesto de cajera, impresiones marcadas por expresiones de indiscutible mal gusto y peor educación, claramente vejatorias. El alguien en cuestión, escudado en su función, con el poder de otorgasr o negar un puesto de trabajo, abusaba impunemente de las personas que se presentaban para tratar de conseguir un puesto de trabajo. Dice Galcerán:

Imaginé a esas pobres chicas intentando dar una buena imagen de si mismas, una imagen empresarialmente correcta, intentando hacer lo que creían que se esperaba de ellas, dispuestas a soportar incluso pequeñas humillaciones para conseguir ese trabajo que necesitaban.

La trama de El método Grönholm es sencilla: una multinacional reúne a cuatro candidatos, que ya han pasado por unas cuantas pruebas de un proceso de selección. Aspiran a una plaza de importancia. Las pruebas rayan en el absurdo, aunque, como dice el autor, están inspiradas en técnicas reales de selección de personal y la obra se limita a llevarlas al extremo, sin prescindir del aspecto cómico (real) de las mismas. Como es bien sabido, hay una película (El método), estrenada en 2005, inspirada en la obra teatral, que, con la misma base argumental, la interpreta en un tono diferente, más dramático.

20071210_tamzin.jpgLa representación de la obra en Sevilla está dirigida por Tamzin Townsend, directora británica  afincada desde hace años en Barcelona, y, en mi opinión, que, evidentemente, no puede contar demasiado, su labor es impecable.

El decorado es simple: dos butacas y un sillón en medio de una estancia. La iluminación es buena y, salvo al principio y al final de la representación, es constante. En ese espacio se va a desarrollar toda la acción, en la que, como puede suponerse, los diálogos, los silencios, los gestos, son fundamentales. 

En la función sevillana, el reparto está constituido por Jorge Bosch, como Fernando; María Pujalte, como Mercedes; Jorge Roelas, como Enrique, y Eleazar Ortiz, como Carlos.

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A mi modo de ver, los abundantes aplausos finales, hicieron justicia a la labor interpretativa de los cuatro, que saben imprimir a cada personaje su carácter especial. En conjunto es una comedia con tintes dramáticos que entretiene, divierte y, al final, obligan a plantearse al espectador hasta qué punto es aceptable esa manipulación a la que unos presuntos expertos someten a las personas para… ¿seleccionar?

En mi caso, tuve, además, la ocasión de presenciar una escena más bien surrealista. ¿Se imaginan, en una representación de este calibre, tener en la butaca de al lado a una espectadora de unos 7 u 8 años? ¿Se imaginan que no sea la única espectadora de una edad similar? Pues sí, acompañadas de papás y abuelitos, por lo menos. No me atreví a preguntar a mi compañera qué le había parecido la obra. Sí es cierto que, cuando empezaron los aplausos, la niña se incorporó y comenzó a aplaudir como posesa… Sin duda, un espectáculo añadido que no se ve todos los días… 

En definitiva, si son personas adultas merece la pena que vean esta representación. No es una obra infantill, de ninguna manera (aunque, a lo peor, soy un carroza un pelín descerebrado, qu no entiende nada, claro). En Sevilla estará hasta el 16 de diciembre. No sé cómo irá la venta de localidades. Las entradas se pueden adquirir en las propias taquillas del teatro, de 11 a 14 y de 18 a 21 horas (excepto lunes). También se pueden comprar por teléfono (954 590 867) y por internet en www.generaltickets.com.

perpetrado por Illaq @ 10/12/07 15:52
Esto es: Teatro

lunes 19 de noviembre

Fedra

Ir al teatro es ir a sumergirse en una realidad dentro de la realidad. Quizá por eso me guste el teatro, porque es “vivo”, porque, en él, actrices y actores se la juegan en cada representación: no hay trampa. Además, las ayudas de los equipos de sonido son eso, ayudas, pero en ningún momento protagonistas; actores y actrices tienen que demostrar su control de la voz, de la dicción, del gesto, con la particularidad de que, aquí, el gesto cobra una importancia enorme: es posible que la cara de la actriz, del actor, no se vea y con el gesto ha de transmitir lo que, en la realidad ajena a la teatral expresamos con la cara, la vista, el gesto facial.

20071117_AH.jpg20071117_FP_AB.jpgHace unos días (no lo he dicho antes porque el servidor decidió hacer huelga), tuve la fortuna de ver Fedra en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. Es la versión de la tragedia clásica de Juan Mayorga que se estrenó en Mérida y que tuvo lógico éxito allí y en Madrid. Dicen que se basa en la Hipólito de Eurípides y en la homónima de Séneca y en la Fedra de Racine, y, sin duda, el parecido es imprescindible: no sería Fedra, en caso contrario, y, aunque la base argumental es la clásica de Fedra, la obra es de Mayorga. José Carlos Plaza dirige un reparto encabezado por Ana Belén como Fedra, Fran Perea como Hipólito, Alicia Hermida como Enone (en un papel similar al de la Enone de la obra de Racine), Chema Muñoz como Teseo; Daniel Esparza como Acamante (el hijo de Teseo y Fedra) y Javier Ruiz de Alegría como Terámenes, amigo, compañero y confidente de Hipólito (hay un Terámenes histórico, pero el de la obra de Mayorga no me parece que tenga relación con él).

Digo que tuve la “fortuna” de ver la función porque me encontré con una representación diferente y, desde mi punto de vista, soberbia. No me extraña que tuviese la repercusión que tuvo cuando se estrenó en Mérida. La escenografía, austera, y la luz hacen que destaque aún más el trabajo de los actores. De Ana Belén no me ha extrañado nada: transmite fuerza, sufrimiento, amor… Fran Perea sí fue sorpersa, muy agradable, porque creo que transmite el sentimiento de Hipólito, sincero, amante de la libertad y traicionado. Chema Muñoz está muy en su papel, con una escena verdaderamente impresionante, cuando se enfrentan Hipólito y Teseo, en la que ambos personajes saben transmitir la tensión del momento y otra cuando descubre al hijo agonizante y la verdad de lo ocurrido. El carácter de los papeles representados por Daniel Esparza y Javier Ruiz de Alegría es el de acompañantes necesarios y, lógicamente, eso incide en su actuación, desde mi punto de vista discreta.

Punto y aparte, como siempre en mi opinión, merece Alicia Hermida. Me entusiasma la dicción y la entonación de esta mujer. Sus gestos, medidos, pero precisos, comunicando la determinación de su personaje y su entrega al bienestar de Fedra.

En fin, la función ya no se representa en Sevilla, pero, a buen seguro, llegará a otros lugares y les aseguro que merece la pena.

perpetrado por Illaq @ 19/11/07 11:25
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