¿Se inquieta cuando está en un sitio en el que hay bastante gente? ¿Tiene a veces la sensación de que lo o la observan?
La desconfianza sin fundamento se denomina paranoia y el pensamiento paranoide consiste en una desconfianza y suspicacias generalizadas, de manera que las interacciones con los demás se interpretan de forma maliciosa y pueden abarcar desde pensamientos suspicaces fácilmente descartables hasta delirios de persecución, que pueden presentarse en trastornos mentales graves, como la esquizofrenia.
Este señor de aquí, Daniel Freeman, y sus colaboradores decían hace unos años que es posible que la ideación paranoide sea casi tan corriente como los síntomas de ansiedad y depresión. Ocurre lo mismo con el pensamiento obsesivo. Todas esas manifestaciones más o menos “extrañas” son habituales en la población general. De hecho, una cierta desconfianza acerca de las intenciones de los demás puede ser conveniente en ciertos momentos: nos permiten estar “en guardia” ante lo que pueda ocurrir. Por otra parte, en el plano cultural, es obvio que, desde el 11-S, el 11-M y otros actos terroristas por el estilo, más la acción de los medios de comunicación y de los políticos, han hecho que el temor hacia los otros se haya incorporado en medida variable al clima sociopolítico.
Pues bien, hace unos días saltó a los media la noticia del trabajo que un equipo de investigación del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres, en el famoso Maudsley Hospital, dirigido por el profesor Freeman, ha preparado un sistema de realidad virtual para analizar los procesos subyacentes a los patrones de pensamiento paranoide. La investigación se ha publicado en el número de este mes del Bristish Journal of Psychiatry y ha estado financiada por Wellcome Trust.
La investigación se llevó a cabo un año después de la explosión de las bombas tras el ataque terrorista en el metro de Londres, y en el estudio participaron 100 hombres y 100 mujeres, con una media de edad de 37 años. Todos ellos presentaban un buen estado de salud y no padecían trastornos mentales.
Mediante un casco de realidad virtual, un dispositivo de visualización que permite incrementar el nivel de inmersión del sujeto en el escenario virtual, los participantes realizaron un recorrido virtual de 4 minutos que representaba diferentes paradas del metro de Londres, acompañados por viajeros virtuales, programados para resultar “neutros”, de esta manera, con el fin de poder evaluar los patrones de pensamiento paranoide en un ambiente controlado.
La animación de los personajes virtuales se basó en grabaciones de personas reales mediante la técnica de captura óptica del movimiento (utilizada habitualmente en películas animadas). Cada personaje presentaba el movimiento habitual de la respiración, podía mirar alrededor y muchos de ellos respondían a la mirada fija del participante girando la cabeza en su dirección. A veces, hasta sonreían al participante.
El marco visual, por tanto, era este.
Según los investigadores, los resultados del estudio demuestran que el pensamiento paranoide no se limita a las personas con enfermedad mental grave, al tiempo que abre las puertas a la incorporación de la realidad virtual a la evaluación de síntomas y a las intervenciones cognitivo-conductuales con personas que padezcan trastornos paranoides.

La mayoría de los participantes estuvo de acuerdo en que los personajes eran neutros o, incluso, afables. Sin embargo, una minoría significativa manifestó preopcupaciones paranoides. La ansiedad, la preocupación, las anomalías perceptivas y la inflexibilidad cognitiva son predictores importantes de paranoia. Las personas que ya tenían pensamientos paranoides en su vida diaria fueron dos veces más propensas a experimentar ideas persecutorias en la realidad virtual, comparadas con las personas que no mostraron tendencia hacia este tipo de pensamientos. Por otro lado, ciertas variables psicológicas como altos niveles de ansiedad, depresión, catastrofismo, preocupaciones diarias, estilo de pensamiento rígido y baja autoestima, entre otros, mostraron una relación predictiva muy alta con el pensamiento paranoide.
Una vez más, se demuestra que la mayoría de los llamados “trastornos mentales” dependen del grado en el que se manifiesten. Un comportamiento que puede ser perfectamente normal, dadas las circunstancias sociopolíticas, el medio en el que se vive, puede ser un inconveniente si se traspasan ciertos límites. El hecho -que yo no dudo- de que las conductas sean reflejo de desarreglos nerviosos no impide que puedan tratarse en un plano estrictamente comportamental (de ahí las posibilidades de la realidad virtual), al menos hasta cierto punto.
En todo caso, creo que son muy interesantes tanto el método como los resultados. Aquí puede verse el vídeo de donde están sacadas las ilustraciones.
















