Irra me pide que suelte “lo que tenga que aportar” en torno a Freud y sus falsedades… y remite al post Freud, la cocaína y la histeria de Paranormalidades. Acepto la invitación, aunque no entraré en los aspectos más o menos anecdóticos del post mencionado…
Me sorprende la inquina que muestra mucha gente hacia Freud, lo mismo que me sorprende que haya tanta gente (porque haberla, hayla, como las meigas…) que lo estima en grado sumo. Casi instintivamente, tiendo a rechazar las posturas absolutas y, en el caso de Sigmund Freud, me permito dudar que muchas de las gentes que lo atacan o lo adoran hayan leído siquiera la mitad de su obra… Y me resulta harto difícil que se pueda desmontar el valor de una obra tan extensa. Uno se admira de lo lerdo que debía de ser Ortega y Gasset para dedicarle un prólogo y numerosos elogios…
Se afirma con empeño la pseudocientificidad de Freud y, si se aclara en qué consiste la misma, es más que probable que yo esté de acuerdo, pero solo si se mencionan algunas notas definitorias de la pseudociencia, de manera que se distinga con claridad de las que pudiéramos llamar “protociencias”, se explican esas notas y se comparan con la “doctrina” (¿o las “doctrinas”?) del psicoanalista austríaco. Quizá hubiese que añadir que, desde mi punto de vista, el valor de Freud no puede medirse con la “vara de la ciencia”, sino con la de la “cultura”, aunque bien sé que, ahora, en ese saco, entran desde Ramoncín hasta Rembrandt, con lo que también habría que precisar el sentido en el que utilizo el término… En todo caso, la crítica que hubiere que hacerle no tendría que partir de los presupuestos del llamado “método científico” (que, por cierto también habría que definir), sino de la gnoseología y, ¿por qué no?, de la antropología cultural, sin olvidar que el término ciencia no es sinónimo de “ciencias naturales”…
De todos modos, ya que está de moda la defenestración de Freud, voy a prescindir de los aspectos “tenebrosos”, tan del gusto de algunos “escépticos militantes” (notoria contradicción, evidentemente), y ahora solo comentaré dos de los que considero positivos, aunque ha de ser el lector quien decida acerca de ello.
El primer aspecto se refiere a la cuestión del sexo. Freud, neurólogo, profesor de la Universidad de Viena (no importan tanto los títulos como el hecho de haber pasado por un período de formación específica y haber destacado en su campo), es capaz de atacar uno de los pilares de las sociedades conservadoras de la Europa de su tiempo: se refiere al sexo, habla del sexo y relaciona el sexo con los problemas que genera el oscurantismo social bienpensante de su tiempo. Con independencia de que sus “opiniones” estuviesen mejor o peor fundadas (no creo que nadie acepte en la actualidad que todas las disfunciones psíquicas se deriven de problemas de integración sexual), el solo hecho de lanzar ese torpedo a la línea de flotación de las sociedades victorianas (todo el mundo occidental, en sus versiones católicas y protestantes) tiene una importancia cultural que, en mi opinión, ya hace merecedor a Freud de un monumento. Todo ello sin olvidar que, en efecto, los problemas sexuales eran (y siguen siendo) el origen de muchos problemas de conducta… Y sin entrar en el juego que sus planteamientos relativos al sexo ha dado al campo publicitario…
El segundo aspecto en el que me voy a fijar es el asunto de la “asociación libre“. En realidad, lo de menos es si Freud “inventó” el procedimiento o si lo tomó de Francis Galton. Es seguro que Galton no lo utilizó como Freud. En cuanto al procedimiento, yo aconsejaría a cualquiera de sus detractores que lo pusiese a prueba consigo mismo… Entramos de lleno en el complejo mundo de la memoria y supongo que muchos de esos detractores conocerán mucho mejor que yo el funcionamiento de la misma… a fin de cuentas, mirando por internet, uno diría que está “tirado”, ¿no?
Recuerdo que, en cierto caso que traté, casualmente fue ese procedimiento el que sirvió para que la persona implicada iniciara un auténtico despegue personal y, por cierto, a modo de anécdota, su “problema” era de evidente motivación sexual… claro que, como todos sabemos, la casualidad es la explicación del necio y, teniendo en cuenta que “todos los tontos tienen suerte”, seguro que, en el caso al que aludo, “sonó la flauta por casualidad”…
¡Ah!, se me olvidaba… Como, a pesar de su inutilidad lógica, los argumentos ad hominem gozan de una salud extraordinaria, advierto que no soy psicoanalista ni “seguidor” de Freud. Si se me quiere buscar un “nicho” científico, habría que acercarse a algo así como una “psicobiología cognitiva”… Y sí, he leído a Freud…

















Con respecto a lo de pseudociencia y protociencia en cuanto al psicoanálisis, la postura de Freud queda -yo creo que bastante- clara,
“a fin de cuentas, mirando por internet, uno diría que está “tirado”, ¿no? “, Pues eso. De otro No Freudiano (ni psicoanalista), una dirección en la red: http://cabinet.auriol.free.fr/psychanalyse/Combourieu/psychanalyse-hypnose.htm De la que extraigo algo de texto -perdón por el franchute, pero si lo traduzco, la lío, y por aquí hay alguien que seguro que lo hace mucho mejor :-) :
Et en 1921 n’écrit-il pas à Hereward Carrington, alors directeur de l’American Psychical Institute, lui disant qu’il déclinait son offre de collaboration dans une revue (voir l’allusion que fait Freud à ces offres de rédaction dans des revues métapsychiques au début de son article Psychanalyse et télépathie, in W. Granoff et J.M Rey , ibid, p.11 : « …durant ces courtes vacances j’ai eu trois fois l’occasion de refuser de collaborer à des périodiques de création récente consacrés à ces études »…), et ajoutant :
« Si j’avais ma vie à revivre, je la consacrerais à la Recherche Psychique plutôt qu’à la psychanalyse »… (lettre à H. Carrington du 24 juillet 1921, citée in Freud S. , Correspondance 1873-1939, Paris, Gallimard, 1966, p.364)
Nulle part ailleurs, peut-être, l’occulte comme objet récurrent de la pensée freudienne n’apparaît mieux qu’ici. Freud, en revanche, et contrairement à H. Carrington, choisit la voie du rationalisme. Nous citons in extenso un passage de cette lettre qui ne nous semble pas inintéressant :
« Je ne suis pas de ceux qui refusent dès l’abord l’étude des phénomènes psychiques dits occultes parce qu’elle est anti-scientifique, indigne d’un savant, voire dangereuse. Si je me trouvais au début de ma carrière scientifique au lieu d’être à sa fin, je ne choisirais peut-être pas d’autre domaine de recherches en dépits de toutes les difficultés qu’il présente. Je vous demanderai néanmoins de renoncer à mentionner mon nom dans vos travaux et cela pour plusieurs raisons.
Premièrement, parce que je suis totalement profane et novice dans le domaine de l’occultisme et que je n’ai pas le droit de prétendre à la moindre autorité en cette matière.
Deuxièmement, parce que j’ai de bonnes raisons de vouloir établir une ligne de démarcation très nette entre la psychanalyse – qui n’a rien d’occulte – et ce champ de connaissance inexploré, et de ne pas donner occasion à des malentendus à ce sujet.
Enfin, parce que je ne puis me débarrasser de certains préjugés de matérialisme sceptique que j’apporterais avec moi dans la recherche des faits occultes. Je suis donc totalement incapable de considérer « la survivance de la personnalité » après la mort, ne serait-ce que comme une possibilité scientifique ; et il n’en va guère mieux en ce qui concerne « l’Idroplasma ».
Je pense donc qu’il vaut mieux pour moi continuer à me limiter à la psychanalyse ».
(lettre à H. Carrington du 24 juillet 1921, in Freud S. , Correspondance 1873-1939, Paris, Gallimard, 1966).
Les positions de Freud quant à son choix d’appréhension matérialiste et mécaniciste des phénomènes prétendus occultes (p.43) sont confirmées, en dépit d’un irréel du présent.
_(D, 6, 17, 36) évoque ses travaux au sein de l’Institut Métapsychique de Paris, ou fait allusion à des travaux en relation avec le domaine de la métapsychique et de la re-traduction de certains phénomènes spirites en une psychologie de l’Inconscient (D,17). / ( B2, 9) parle du séjour de Freud à l’Institut Métapsychique d’Athènes.
Y termino: hay otro Gran Psicoanalista al que determinadas alusiones a la pseudociencia le quedan mejor que a Freud, una pista: su nombre comienza por J…