Seguro que les suena mucho más lo del síndrome del quemado, esa horrorosa traducción macarrónica del burnout syndrome inglés. Forma parte ya del vocabulario laboral, sindical, profesional y callejero, y nos hemos habituado a su presencia, aunque quizá no sepamos muy bien de qué va… Pero el caso es que todos podemos padecer, en un momento u otro, este síndrome, cuando deja de satisfacernos el trabajo, nos abruma y no sabemos muy bien por qué.
De forma muy esquemática, el síndrome en cuestión engloba un conjunto de manifestaciones físicas (problemas de sueño, cansancio extremo, problemas gastrointestinales, dolores de cabeza, mayor vulnerabilidad a enfermedades comunes como catarros y resfriados), emocionales (ansiedad, depresión, sentimiento de culpa, irritabilidad, sensación de indefensión), comportamentales (agresividad, insensibilidad, egoísmo extremado, posturas a la defensiva, pesimismo, abuso de drogas), laborales (bajo rendimiento, absentismo, agotamiento, mal uso de los descansos, retrasos, robos) e interpersonales (deshumanización de las personas, comunicación reducida con compañeros y otras personas, desentendimiento de los mismos).
Y me dirán ¿a qué viene esto? Pues verán, si todos podemos llegar a una situación así, que supone una auténtica anulación personal, quizá no esté de más una ayudita comportamental…
Acabo de veo en PsychCentral cinco consejos para combatir el agotamiento que, por su utilidad, reproduzco aquí un tanto resumidos. Es cierto que no todos podrán (podremos) aplicarlos, pero, llegados a la situación límite, creo que no habría que olvidar ninguno. Veamos:
1. Combatir el aburrimiento. A muchas personas les aburre su trabajo. No las estimula y la rutina diaria las agobia. ¿Qué hacer? Si es posible, se pueden alternar actividades, evitar rutinas. Llegados al extremo, habrá que pensar incluso en cambiar de puesto, bien en la empresa o fuera de ella. ¿Por qué no volver a estudiar? Si en ello va la felicidad…
2. Evitar centrarse demasiado en su trabajo. A veces, dejamos que nuestra vida gire en torno al trabajo. Si una situación así dura más de un año, el riesgo de agotamiento es evidente. No hay problema en dedicar muchas horas al trabajo si la situación no se prolonga, pero, si eso supone sacrificar otras cosas importantes, hay que replantear las prioridades.
3. Evitar los politiqueos del trabajo. Los dimes y diretes pueden ser agotadores. Cuando estamos pendientes de lo que puedan hacer los demás para medrar, pensando que puedan malinterpretar nuestros comportamientos y palabras, no hacemos sino dilapidar energía y perder concentración. Es preferible centrarse en las tareas profesionales y en los objetivos propios, sin olvidar que, en muchas ocasiones, los cotilleos conducen a los politiqueos.
4. Evitar el exceso de trabajo. Hay personas a las que les cuesta decir “no” a casi cualquier cosa del trabajo. Creen que las considerarán como buenas colaboradoras del equipo, que ayudan a todo el mundo. El hecho es que pueden aprovecharse de ellas. Si no es por una urgencia, mejor declinar amigablemente las peticiones de ayuda que no sean sino intentos enmascarados de encargarle el trabajo de otros.
5. Administrar mejor el propio tiempo. Puede que nos agobie la sensación de que siempre tenemos demasiado que hacer, pero eso puede ser un indicio de mala administración del tiempo. Quizá dediquemos demasiado a cosas poco importantes y demasiado poco a las importantes.
Es posible evitar el agotamiento. En todo caso, si llegamos a tener la sensación de que “no hay salida”, consulte a un psicólogo. Si vive en Andalucía Occidental, pulse aquí; si vive en España, puede buscar psicólogos en su comunidad autónoma aquí.
La primera ilustración la he tomado de Días de Lana. La segunda es de HRSACAREaction.


Es curioso como los consejos vienen a reafirmar lo que intuitiva y desorganizadamente, percibimos. Por eso, por el orden, gracias por recordarlos. Los tendré en cuenta.
Quizás puedan trasladarse a las clases, a los docentes, convenientemente “traducidos”.
Saludos.