Se sabe desde hace tiempo que las diferencias culturales influyen en la memoria y en la percepción, y que las personas de cultura occidental, que valora lo individual y hace hincapié en los objetos, con independencia de su contexto, se desenvuelven mejor en tareas que implican dimensiones independientes (absolutas) que en las que se centran en dimensiones interdependientes (relativas), mientras que a las personas de culturas orientales les ocurre lo contrario.
Podía suponerse que esas formas de actuar dependerían de alguna manera de los cerebros de los sujetos, pero hasta ahora no había pruebas fehacientes de ello. Así que, para resolver esta cuestión, John Gabrieli (el sonriente caballero de chaqueta oscura de la foto), catedrático del Instituto McGovern para la Investigación Cerebral del MIT, y su equipo idearon un experimento, conceptualmente sencillo: pidieron a 10 personas naturales del oriente asiático llegadas recientemente a los Estados Unidos y a 10 estadounidenses que hicieran juicios perceptivos rápidos mientras se obtenían imágenes de sus cerebros mediante resonancia magnética funcional.
Los investigadores evaluaron las respuestas que daban los participantes, tanto al hacer juicios absolutos (prescindiendo del contexto visual) o relativos (teniendo en cuenta ese contexto). En cada grmupo, se activaban más las regiones cerebrales frontal y parietal, relacionadas con el control atencional, cuando hacían juicios no marcados por las preferencias culturales que durante los marcados por ellas. Además, dentro de cada grupo, las diferencias de activación de estas regiones estaban muy correlacionadas con las puntuaciones obtenidas en cuestionarios que medían diferencias individuales en relación con el patrón tipico de la cultura del sujeto.
Así pues, el origen cultural de un individuo y el grado en el que asume los valores culturales moderan la activación de las redes cerebrales implicadas en tareas sencillas visuales y atencionales, lo que se traduce en comportamientos diferentes, dependientes de la propia cultura.
Creo que conviene resaltar el hecho de que los procesos cerebrales estudiados son exactamente los mismos: cuando surge algo que requiere más atención, se activan las regiones cerebrales correspondientes y la persona dedica más atención. Cuando la tarea resulta más fácil, disminuye la actividad atencional y la persona actúa más distendida. Habrá, sin duda, otras áreas de relación en el cerebro que rijan la selección atencional, pero estas no se han estudiado aquí. El hecho trascendente es que la cultura -educación formal e informal, vivencias, muestras de sensibilidad, etc.- es capaz de moldear la forma de actuar de los sujetos, nuestra forma de abordar el mundo.
Me llamó la atención sobre el tema este post de John M. Grohol, en PsychCentral. La nota informativa del MIT, de la que me he permitido tomas las ilustraciones, está aquí, y se puede acceder gratuitamente al resumen del artículo publicado en Psychological Science.
















