el experimento de la cárcel

Zimbardo.gifAquí, a la izquierda, Philip Zimbardo, doctor en Psicología y catedrático emérito de Psicología de la Universidad Stanford (no sé de dónde procede la manía de referirse a la Leland Stanford Junior University como “Universidad de Stanford”) y, por cierto, gran divulgador de su disciplina.

En agosto de 1971 (hace ya 35 años), llevó a cabo el célebre experimento de la cárcel, consistente en una simulación de una situación real de encarcelamiento en la que 24 participantes voluntarios, seleccionados y remunerados (15$ de la época por día) ejercieron de presos y otros de carceleros. La distribución de roles se hizo al azar.

Los detalles del experimento, que se desarrolló en una cárcel ficticia, construida en el mismo departamento de Stanford, pueden verse en esta página o en la Wikipedia en inglés. En todo caso, hay que señalar que, nada más comenzar, empezaron a detectarse conductas extremadamente autoritarias y vejatorias de los “carceleros” para con los “presos”, mientras que éstos  experimentaban una significativa pérdida de autoestima. Fue Cristina Maslasch, en la actualidad esposa de Zimbardo y entonces posgraduada que, sin conocimiento previo del experimento, tuvo que entrevistar a algunos intervinientes, quien le dijo a Zimbardo que había que interrumpir aquello. El mismo investigador, que participaba activamente en el experimento como “alcaide”, había “entrado en su papel”.

Con independencia del juicio que merezca el experimento, tanto desde un punto de vista ético como metodológico, hay que reconocer que los resultados del experimento muestran la impresionabilidad y la obediencia de las personas cuando se les facilita una ideología justificativa y un apoyo social e institucional. En otras palabras, que, puestos en la situación, cualquiera puede actuar como verdugo o como víctima y que el grupo refuerza considerablemente la conducta y favorece una actuación acrítica. De hecho, hay suficiente ejemplos en la historia reciente que dejan esa misma impresión.

Todo esto concuerda bastante con los resultados del también famoso experimento de Milgram, en el que una personas corrientes cumplieron la orden de administrar descargas eléctricas a otra desconocida para ellas (en realidad, las descargas no se producían y la “víctima” era un colaborador del experimentador). Por lo demás, el experimento fue muy criticado por su falta de ética y por su dudosa validez científica. Erich Fromm, entre otros, se cuestionó hasta qué punto podían generalizarse los resultados. Tampoco se controlaron eficientemente todas las variables significativas, aunque, en sentido estricto, no era un experimento de campo. Además, Zimbardo no fue un observador neutral, sino que influyó en el desarrollo del experimento, como “alcaide” y las conclusiones y las observaciones extraídas estaban, por tanto, sesgadas, aparte de las dificultades para replicar el experimento. Su validez ecológica también quedó en entredicho, , en la medida en que las condiciones impuestas eran en gran parte arbitarias y su correlación con las condiciones reales de una prisión podía llegar a ser nula.

El experimento no explica las diferencias individuales observadas (aunque probablemente tampoco lo pretendiera): algún “carcelero” fue extremadamente cruel mientras que otros hacían incluso algún favor a los “presos” y, por otra parte, el tamaño de la muestra era muy pequeño para que pudiesen generalizarse sin más los resultados. Hay quien dice que, al tratarse de un grupo en una situación muy especial y durante un tiempo tan corto, habría que considerar que el tamaño de la muestra era 1 (de un grupo y no de 24 sujetos).

Pero, me dirán, ¿a qué viene recordar estas cosas? La culpa la tiene brenhamTX, que colgó ayer esto en digg: el vídeo del experimento de la cárcel de Stanford.

perpetrado por Illaq @ 17/09/06 09:20
Esto es: Ciencia y Videos


4 Comentarios en 'el experimento de la cárcel'

  1.  
    septiembre 19, 2006 | 09:00
     

    Hace tiempo que ví los videos de dicho experimento y leido el artículo de resumen al respecto. Y no dejo de preguntarme ¿es esto real?

    Y no lo hago porque me crea incapaz de creer que la humanidad no puede cometer tales actos de crueldad (en el caso de los «guardianes») sino porque estoy escamado de ciertas investigaciones científicas que finalmente se muestran como orquestadas o manipuladas.

    Hace ya unos años leí «Las mentiras de la ciencia» en donde se indicaban cientos de casos de investigadores de primera fila que falseaban o manipulaban los resultados de sus investigaciones para obtener veneficios de diversa índole. (entre otras, las manipulaciones de Robert Gallo que ha conseguido un nobel en medicina por «descubrir» el virus del Sida, que previamente habían descubierto en el Instituto Pasteur).

    Entiendo que la sociedad americana de principios de los setenta es distinta a la nuestra; pero, ¿tan rápida decadencia se puede ver?

    ¿es esta experiencia realmente objetiva o está manipulada?

  2.  
    Illaq
    septiembre 19, 2006 | 09:34
     

    A mi juicio y por lo que sé, la “manipulación”, el “error experimental” fundamental está en la participación del investigador principal, implicándose en el asunto. Posteriormente, se han hecho otros experimentos que, de alguna manera, corroboran las tendencias halladas en este. En el plano histórico, tenemos, ya en cierta lejanía, los casos de las diversas diversas Inquisiciones y sus paralelos “civiles”, y, muy cerca, los casos de la Alemania nazi, de la Italia fascista o de la España franquista (en todos estos espacios históricos se dieron casos de personas la mar de cultas e instruidas que, en su ejercicio “profesional” se convertían en auténticos torturadores), aunque quizá el mejor ejemplo histórico sea el del Japón guerrero, los japoneses participantes en la guerra Chino-Japonesa, el trato dado por los mismos japoneses a los colonos de diversas estirpes de todo el sudeste asiático, etc. Otro caso más: el olvidado My Lai (http://es.wikipedia.org/wiki/Matanza_de_My_Lai). Por supuesto, en los países “democráticos” también se dan casos paradigmáticos, aunque la probabilidad de que prosperen es menor, por los controles involuntarios que suponen los medios de comunicación, etc.
    En resumen, no creo que este experimento estuviese “fabricado”. En una manipulación, se trata de dar una apariencia metodológica impecable (en psicología-psicometría, el famosísimo caso de Sir Cyril Burt: http://en.wikipedia.org/wiki/Cyril_Burt), mientras que en este, las meteduras de pata metodológicas son manifiestas. Saludos.

  3.  
    enero 3, 2008 | 17:38
     

    [...] II: Illaq escribió un interesantísimo post en Zooglea sobre el experimento de la cárcel de Stanford. Y tampoco lo sabía. ¡Que sigan, que sigan las [...]

  4.  
    noviembre 4, 2009 | 12:39
     

    [...] de la cárcel de Stanford, del que escribió Illaq en Zooglea, y del que algo también comenté [...]

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