Este señor de aquí se llama Sean Carroll y es cosmólogo. Pertenece al Departamento de Física, al Instituto Enrico Fermi y al Instituto Kavli de Física Cosmológica de la Universidad de Chicago. Evidentemente, no es ningún lego en ciencia cosmológica. Pues bien, en Cosmic Variance, suscita un cuestión interesante que podemos resumir como: ¿qué importancia tiene la definición de planeta?
Dice Sean que, en realidad, no tiene ninguna, porque con una definición “no estamos haciendo ciencia ni aprendiendo nada nuevo sobre el universo. No hacemos más que hacer una definición por conveniencia propia. No existe en el mundo hay una naturaleza platónica preexistente de la ‘planetez’ que estemos tratando de descubrir”.
Como a Sean, a mí también me ha llamado la atención la importancia que los media (New York Times o El Mundo, por ejemplo) han dado a la asamblea general de la Unión Astronómica Internacional (UAI), aunque la noticia mediática sea, más bien, el número y el nombre de los planetas que resulten de la tal definición.
El caso es que, en la actualidad, no existe una definición científica de lo que sea un planeta. La del diccionario de la RAE no sirve, o sea, es errónea, desde el momento en que los planetas más grandes no son “sólidos”. Por eso, la propuesta de la UAI tiene sentido: “Un planeta es un cuerpo celeste que (a) tiene masa suficiente para tener gravedad propia de manera que pueda superar las fuerzas de cuerpo rígido, tomando una forma de equilibrio hidrostático (casi redonda), y (b) está en órbita alrededor de una estrella y no es una estrella ni un satélite de un planeta”.
Pero ya habrá tiempo de comentar la “definición” que se apruebe. Ahora me voy a centrar en el argumento de Sean acerca de la importancia de la misma.
En mi opinión, Sean parte de una errónea concepción de la ciencia. Según él, “ciencia” solo sería la actividad de descubrimiento o invención que añadia nuevos elementos de información a lo ya conocido. Así, las definiciones no añadirían nada, puesto que no hay una correspondencia entre esencias y realidades.
Pero resulta que toda la ciencia consiste en “proposiciones” de carácter lingüístico (que es, en origen, arbitario), en cuyo caso, sería imposible llegar a un conocimiento medianamente válido, puesto que toda la ciencia consiste en interpretaciones lingüísticas (arbitrarias) de hechos concretos (ciencias naturales y sociales) o de datos abstractos (matemática y lógica). No se trata ya de correspondencias entre esencias y realidades, sino entre nombres y significados de esos nombres, de la posibilidad de clasificar (¿se imaginan que, en vez de decir “átomo”, tuviésemos que describir todos y cada uno de los elementos reales del mismo y su dinámica?)
Por eso, la definición es importante; tanto que de ella se derivan consecuencias para la clasificación de los objetos de observación y, por tanto, para el conocimiento válido. Así que me parece que sí es importante lo que salga de la reunión de Praga de la Unión Astronómica Internacional. Faltan siete días…

















[...] El amigo Sean Carroll (al que ya mencionaba en otro post) comenta en Cosmic Variance que hoy irá a un programa que la NPR dedica a la divulgación científica a hablar sobre los recientes resultados de la investigación sobre la materia oscura, gracias a los datos obtenidos sobre el cúmulo Bala (Bullet Cluster o, en plan más formalito, 1E 0657-56), que es este de aquí: [...]