No hace mucho presenté un post sobre el valor de las primeras impresiones. Por otra parte, creo que todos somos conscientes de la importancia de la imagen que los políticos muestran ante el electorado y me imagino que los más conscientes de ello son los mismos políticos. Era lógico que algunos científicos sociales decidieran estudiar este fenómeno. Pues bien, hace unos días, la misma fuente que me advirtió de aquel estudio me encaminó hacia otro experimento sobre la importancia del aspecto a la hora de conseguir votos.

El estudio en cuestión, titulado Beautiful Politicians (o sea “Políticos guapos”), lo han llevado a cabo estas dos personas: el Dr. Andrew Leigh, economista de la Universidad Nacional Australiana, y Amy King, estudiante graduada de la Universidad de Australia del Sur.
Para llevar a cabo la investigación, pidieron a un grupo independiente de cuatro “evaluadores de belleza” que valoraran el aspecto de 286 candidatos que se presentaron a las elecciones federales australianas de 2004.
Con el fin de “homogeneizar” las imágenes utilizadas en el estudio, se utilizaron las fotografías que se incluyen en las tarjetas australianas de votación, como las que aparecen a continuación. No obstante, en algunos casos en los que estas fotos no eran suficientemente claras, acudieron a las de las fichas de los candidatos en poder de sus respectivos partidos políticos.

King dice que el acuerdo entre evaluadores con respecto a los candidatos más guapos y las candidatas más guapas.
En el artículo, puede verse que los investigadores realizaron una serie de comprobaciones estadísticas de probada robustez, con el fin de evitar que otros factores, como la edad, la raza o el partido político influyeran en los resultados.
En cuanto a la influencia de la belleza de candidatas y candidatos en los resultados de las elecciones, llegaron a las siguientes conclusiones:
1. El efecto de la belleza era mayor en el caso de los candidatos que en el de las candidatas, probablemente a causa de que , para muchos votantes, la belleza femenina va acompañada por ciertas connotaciones negativas, mientras que la masculina se relaciona con eficiencia y capacidad.
2. Las candidatas y candidatos que más se benefician de su buen aspecto son los que se presentan por primera vez. Es probable que, en el caso de los políticos ya conocidos, su actividad política pese más que la imagen.
3. En todo caso, la belleza y la buena imagen siempre ayuda a candidatos y candidatas a obtener mejores resultados. En palabras de Leigh, “en comparación con el candidato político de aspecto promedio, un candidato que estuviera en el percentil 84 de la distribución de belleza, tal como lo juzgaron los evaluadores independientes, recibe de un 1,5 a un 2% más de votos. En algunos escaños, esta es la diferencia entre ganar y perder”.
Por supuesto, las conclusiones del estudio no pueden generalizarse sin más. Su ámbito ha sido Australia y la validez del experimento se circunscribe a aquel país. Sin embargo, teniendo en cuenta la progresiva semejanza de las poblaciones de cultura “occidental” con respecto a la imagen, es verosímil que entre nosotros ocurra algo parecido. El problema que esto plantea es evidente: la imagen no es precisamente un buen indicador de la capacidad y la solvencia de los candidatos, con independencia de su militancia política, y ello puede fomentar la tendencia al anuncio de los políticos como si de objetos de consumo se tratase.
En fin, juzguen ustedes mismos.












