El amigo Clint ya va camino de los ochenta abriles y parece no estar dispuesto a jubilarse. Dieciocho películas dirigidas en veinte años es casi la marca del incombustible Allen, con una película al año (aunque éste alterna entre pequeñas y grandes producciones). Otra cosa que diferencia a Clint de Woody es que suele tocar temas muy variados y se arriesga con historias muy diferentes. Dicen las lenguas más afiladas que lo que ocurre es que Eastwood rueda todo lo que llega a sus manos, sin apenas leerlo. Que es como si quisiera dejar una huella cinematográfica lo más grande posible antes de hacerse demasiado viejo. Lo que me parece innegable es que este hombre tiene talento. No se si es innato o aprendido tras décadas de experiencia en el mundo del cine, pero conoce su oficio.
Invictus puede parecer un biopic, una película biográfica, sobre Nelson Mandela. Pero no lo es. También podría parecer una película que muestra el desarrollo de Sudáfrica y como venció las desigualdades entre blancos y negros. Pero tampoco lo es. Incluso se podría pensar que es una película sobre el mundo del rugby, al estilo de Un Domingo Cualquiera de Oliver Stone. Lo cierto es que se acerca mucho, pero de nuevo hay que decir que no, no es una película centrada en el mundo del deporte. En realidad, es una mezcla de todo lo anterior y es por eso que Invictus no llega a cristalizar en ningún momento, dejando al espectador con cierta insatisfacción.
Y es que no se puede decir que haya algo malo en la película, salvo un guión bastante flojo que busca emocionar al espectador y que a veces casi lo consigue. El trabajo de Morgan Freeman es admirable y crea un Madela muy convincente, que además se muestra como un personaje muy carismático. Matt Damon ha tenido que pasar muchas horas en el gimnasio para lucir el físico que se espera del capitán de un equipo nacional de rugby y nos ofrece una gran interpretación. Las escenas deportivas están rodadas magistralmente y transmiten tanto la dureza como la plasticidad de este deporte. Las pinceladas de denuncia de lo que ocurrió en Sudáfrica son correctas, sin maniqueísmos y bastante objetivas. La música africana que acompaña a la película es emocionante. Pero, pese a todo, no he podido evitar sentirme algo decepcionado cuando he salido del cine. Hubiera preferido que la trama diera más protagonismo a Mandela y al momento de la transición en el país, frente a tantas escenas de rugby. Pero claro, esa hubiera sido otra película.
En definitiva, puede que estemos ante una de las películas menos interesantes de Clint Eastwood, que últimamente nos tiene demasiado bien acostumbrados. Y es que este director funcionando a medio gas es mejor que muchos otros directores trabajando al cien por cien. Invictus es una historia amable, pese a que podría haber sido durísima, y que deja buenas sensaciones al salir de la sala. No es una mala película, pero tampoco es imprescindible.
Me ha gustado: Pese a que llegan a hacerse un poco pesadas, las escenas de rugby están muy bien rodadas.
No me ha gustado: El tema político y social se toca en pinceladas y hubiera sido muy interesante darle más protagonismo.
Lo mejor: El Nelson Mandela de Morgan Freeman.
Lo peor: Un guión deslavazado.
Curiosidades: El propio Nelson Mandela dijo que el único actor que podía hacer de él era Morgan Freeman. Por supuesto, el casting para el papel de Mandela fue bastante fácil. Las escenas de rugby están rodadas en el auténtico estadio Ellis Park, de Johannesburgo, aunque sólo había 2.000 espectadores que en postproducción se convirtieron en 62.000.
Espectador recomendado: Es una película entretenida y se aleja de la dureza que podría tener un biopic sobre Mandela. Un aviso: buena parte de la película son partidos de rugby, y se hace un poco pesado, la verdad.
El nombre de la película se basa en el sobrecogedor poema Invictus, de William Ernest Henley, poeta inglés del siglo XIX:
Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be,
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance,
I have winced but not cried aloud.
Under the bludgeonings of chance,
My head is bloodied but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears,
Looms but the horror of the shade.
And yet the menace of the years,
Finds, and shall find me, unafraid
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate,
I am the captain of my soul.
——–
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses, si existen,
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia,
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años,
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.











