Bueno, parece que no iba muy desencaminado con mi quiniela de los premios Goya. En lo único que me equivoqué de plano (y me alegro) es en que la ceremonia sería un peñazo como siempre. Al final, las esperanzas que teníamos puestas en Corbacho (Carpacho para Daniel Guzmán) cristalizaron en una gala ágil, entretenida y llena de humor corrosivo. De hecho, la acidez en algunos comentarios de Corbacho y el mosqueo de algunos aludidos es lo único que puede hacer peligrar que repita el año que viene. Tanto Eduardo Noriega como Isabel Coixet demostraron no tener mucho sentido del humor y esta última se llevo dos tazas por no saber encajar la broma. Quizás el peor fallo del presentador fue secuestrar a Penélope Cruz para presentar un premio, que estaba lógicamente catatónica tras recibir su Goya. Muy bueno el intento de imitar al genial Billy Crystal con las parodias de las películas nominadas, pero seguro que se puede hacer algo mejor. Por lo demás, que repartiese caña a diestro y siniestro es algo que se agradece en un mundillo, el de la gente del cine, que a veces peca de corporativismo.

En cuanto a los premios en sí, no hay mucho que objetar. Los técnicos están bien repartidos y los de guiones para El Laberinto del Fauno y Salvador son totalmente merecidos. Leo en varios medios que la sorpresa de la noche fue Azuloscurocasinegro. Quién habla de sorpresa en este caso es porque no ha visto una película que sin duda es de las mejores que el cine español nos dejo el año pasado. La sorpresa habría sido que este gran trabajo no hubiera sido reconocido. Me alegro de que Juan Diego recibiera el galardón por su interpretación, que también supone un reconocimiento a muchos años de dedicación, aunque me reitero en que el trabajo de Daniel Brühl es más complejo y conmovedor. Penélope Cruz, no importa como nos caiga a nivel personal, hace un grandísimo trabajo en Volver y lo ha visto recompensado.

Me alegra también que el trabajo de Guillermo de Toro recibiera siete premios, aunque a mi modo de ver faltaba el de mejor película. No es que Volver no se lo merezca, es que El Laberinto del Fauno es una película más completa. Se supone que el premio a la mejor película es un premio al conjunto, al esfuerzo común que se ha puesto para llevar a cabo un proyecto que, aunque se identifica con la producción, se debe al trabajo de todos lo que participan en la creación, desde el actor principal hasta el segundo ayudante de cámara. Y en eso, El Laberinto del Fauno es mejor que Volver, aunque no sea una película de actores y no merezca ni los premios de interpretación ni el de dirección. Es como el año que El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey ganó merecidamente el Oscar a mejor película pero inmerecidamente a mejor director. En fin, eso es lo que ocurre cuando se vota más con el corazón que con la cabeza…
En fin, ha sido una ceremonia entretenida, con los premios bien repartidos y en la que se ha visto que el cine español (sea lo que sea esto) goza de buena salud, pese a que muchos idiotas piensen que aún seguimos haciendo secuelas de Los Bingueros con Esteso y Pajares.
















