Estaría feo olvidarlo… El 21 de mayo de 1927, a las 10:22, aterrizaba en Le Bourget (París) un avión cuyo tríptico aparece a la izquierda: era un monoplaza, monoplano de ala alta, equipado con un motor Wright Whirlwind J-5C de 223 c.v.: el Ryan NYP, diseñado por Donald A Hall.
Había despegado 33 horas y 32 minutos antes del Roosevelt Airfield de Nueva York, y antes, desde San Diego (California) a Nueva York, había batido el récord de velocidad. Lo pilotaba Charles Augustus Lindbergh.
El Spirit of Saint Louis -es era el nombre del avión- no fue el primer aeroplano que atravesara el Atlántico Norte sin escalas. Ya lo habían hecho en junio de 1919 John Alcock y Arthur Whitten Brown, aviadores británicos, desde Lesters Field, cerca de Saint Johns, Nueva Escocia, a Clifden, Irlanda, en un Vickers Vimy IV, pero sí fue el primero en volar sin escalas de Nueva York a París, ganando así el premio Orteig.
En todo caso, merece la pena recordar aquella importante hazaña que llevaría a la pantalla grande Billy Wilder, con su película The Spirit of Saint Louis (en castellano: El héroe solitario), con música de Franz Waxman y protagonizada por James Stewart. Se estrenó el 20 de abril de 1957.
Hoy se cumplen, pues, 80 años de aquel famoso y ya legendario aterrizaje.
















