En estos días pasados, he tenido que ir con bastante más frecuencia de la que hubiese deseado a lo que los administradores de la sanidad llaman Área Hospitalaria Centro de Sevilla y el vulgo conoce como Virgen del Rocío. Ese enorme complejo hospitalario reúne muy diversas instalaciones cuyas denominaciones no coinciden, al parecer, con lo que uno esperaría… Veamos.
Si, por cualquier causa, tiene que solicitar documentos relativos a la asistencia sanitaria, no se le ocurra buscar un “centro de documentación clínica”; no lo encontrará… Lo que sí hay es esto:
Puede que tenga que ir a ver a ese amigo que anteayer trató de saltar con su moto -sin excesivo éxito- el “muro” de hormigón que el Ayuntamiento de Sevilla ha tenido a bien instalar para separar el tráfico de autobuses de otros tráficos menos voluminosos. En tal caso, no busque un centro de “traumatología” ni de “rehabilitación”, sino esto:
Es más, si, tras una búsqueda infructuosa, vencido (o vencida) por el cansancio, quiere tomarse un refrigerio o un simple café, no debe buscar nunca la “cafetería”…
Hasta es posible que usted sea un ejemplar ciudadano o ciudadana, deseoso (o deseosa) de dar su sangre para el prójimo. En tal caso, no se moleste en buscar un centro de “donación de sangre”. Esto es lo que hay:
Cuando vi estas cosas, creí que se trataba de un problema económico de la administración del área hospitalaria… quizá las tildes encarecieran en exceso los rótulos… Pero parece que no. Ocurre que la susodicha administración ha querido seguir el ejemplo de la superioridad… De hecho, así se escribe la historia:
Se ve que consideran que la tilde es eso, una tilde, en su segunda o en su tercera acepción, aunque, ¿cómo le explico yo a un o a una estudiante que, en castellano, si una palabra lleva acento ortográfico, hay que poner la tilde (en su primera acepción) aunque esté escrita en mayúsculas?
















