Escepticismo: Declaración de intenciones

En el más de un año que este nuestro blog lleva en activo hemos cubierto un variopinto espectro de temas, desde un comentario del Opel Astra a una solución para la gripe aviar. Es mi intención añadir otra pincelada de variedad con un poco de escepticismo…

¿¿¿LO CUALO??? 

A ver, en estos tiempos que corren en los que hasta la historia de Ricky Martin y el perro de la nocilla fue jurada y perjurada como cierta (aún le estoy pidiendo la cinta al amigo que me dijo que lo tenía grabado) cualquier cosa, repito, CUALQUIER COSA parece obtener el status de cierto por parte de la gran masa siempre y cuando les parezca conveniente. Ante esto caben dos explicaciones:

A)    Vivimos en un mundo  raro de cojones lleno de sucesos paranormales, conspiraciones marcianas y campañas de desinformación.

B)     La gente es muy crédula

En este blog también hablamos hace tiempo de la navaja de Occam, sin duda alguna yo me habría decantado por la opción B aunque nunca en mi vida hubiera escuchado hablar de este señor. ¿Entonces porque tanta gente suele aceptar explicaciones del tipo A? Yo creo que por pura falta de información y pensamiento crítico.

Tras un reciente post en Sentido Comun he decidido poner mi grano de arena en la lucha contra las pseudociencias, el charlatanerismo y el maguferismo en general. Intentare ir haciendo pequeñas introducciones a algunas de las muchas tonterías (porque no tiene otro nombre) con la que muchos embaucadores de feria se forran a costa de otros. A aquellas personas ya familiarizadas con el escepticismo estos posts le sonarán a refrito, pero mi idea no es escribir sobre algo nuevo sino servir de “predicador”.

Desde aquí invito a los demás zoogleros a subirse al carro :D

perpetrado por Irra @ 24/02/06 16:32
Esto es: Escepticismo

4 Comentarios en 'Escepticismo: Declaración de intenciones'

  1.  
    Illaq
    febrero 24, 2006 | 18:11
     

    Me parece muy bien invocar el escepticismo, siempre y cuando nos pongamos de acuerdo en su significado. Que vivimos en un mundo en el que hay muchos fenómenos inexplicados me parece evidente: ni siquiera sabemos cuál es la trama básica del universo (espaciotiempo), el valor real de las singularidades, el funcionamiento cerebral (excesivamente simplificado, por ejemplo, con la metáfora de las redes neuronales). Luego hay que distinguir entre la rareza del mundo y las “conspiraciones” (yo me inclinaría más por hablar de “iluminaciones”, puesto que la denominación “conspiración” supone ya una militancia en contra que, per se, es una toma de postura no excesivamente escéptica, pero es cuestión de gustos). Sí creo también que “la gente (o sea, nosotros) es muy crédula”. Digo esto porque, en contra de lo que pueda parecer a simple vista, ser escéptico requiere una postura intelectual activa y vigilante que exige un esfuerzo constante (y no siempre sale). La aplicación de la crítica (la navaja de Occam), que en muchas ocasiones he recomendado en este blog, es, en mi opinión, extremadamente difícil, y lo digo por experiencia. En realidad, “escepticismo” (según el Diccionario de la RAE) quiere decir desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo o, en segunda acepción: doctrina de ciertos filósofos antiguos y modernos, que consiste en afirmar que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla. Me parece importante acudir al significado del término, no vaya a ser que utilicemos “escepticismo” para aludir a una postura esencialmente no escéptica con respecto a ideas, formas, modos con los que no estemos de acuerdo. Creo que es distinto. Resumiendo: si se entiende “escepticismo” según la primera acepción que menciono, yo me apunto, pero eso significa que tengo que aplicar una crítica exquisita a mis propias ideas o postulados y que es posible que, en determinadas ocasiones, me vea obligado por la lógica de las cosas a aceptar posturas o ideas que, en principio, hubiese desechado. Termino: hace muchos años que intento ser “escéptico” en el sentido apuntado: hay cosas en las que “me ha salido”, pero hay otras en las que creo que caigo en cierto “desescepticismo” con facilidad. De todos modos, la invitación está muy bien, pero me perdonaréis que, por lo expuesto, yo no me suba a ningún carro.

  2.  
    Irra
    febrero 24, 2006 | 23:37
     

    Ajem… ni hemos empezado y ya me estas minando :P fuera de coñas, me refería claro esta a escepticismo hacia todas las supercherias pseudocientificas y maguferas.

  3.  
    Illaq
    febrero 25, 2006 | 10:51
     

    No, no; no trato de “minar” nada. Lo que ocurre es que, bajo el rótulo “escepticismo”, se está vendiendo de matute otra mercancía. Yo estoy muy de acuerdo en combatir lo que, en líneas generales, podríamos llamar “conductas supersticiosas”, es decir, aquéllas que, sometidas a un modelo de reforzamiento aleatorio, acaban adquiriendo carta de naturaleza… ejemplo (en mi opinión, aunque no sólo en la mía): las procesiones de rogativas, para pedir la lluvia, pongamos por caso (sería largo desarrollar el esquema, por eso lo omito). Creo que hay que oponerse a los comportamientos fanáticos, movidos por emociones, muy fáciles de manipular. Todo esto está muy bien, pero no es “escepticismo”, puesto que son conductas militantes: el “escepticismo militante” es casi una contradicción. Más bien me parece que el escepticismo es una postura metódica, casi una “metodología”. Al no admitir patrones “dogmáticos” y, por tanto, no existir una regla absoluta que aplicar a las proposiciones para dictaminar sobre su verdad o falsedad (puesto que desconocemos muchas cosas de nuestro universo), sobre todo acerca de sistemas complejos, sólo cabe una duda metódica (al estilo de Descartes) y la única vía posible para abordar los desacuerdos es el diálogo y la crítica, operaciones extremadamente costosas (me aventuraría a decir que “físicamente costosas”, en el plano del consumo energético, dada la necesidad de la intervención de grandes masas de neuronas). Una vez alcanzado es estado de “duda” de la verdad de las proposiciones, puede empezar la crítica racional. A este propósito, me parece muy recomendable un libro ya antiguo (de hace 20 años), pero magnífico y no muy extenso: Seudociencia e ideología, de Mario Bunge, publicado por Alianza (y no llevo comisión).

  4.  
    diciembre 1, 2007 | 10:31
     

    [...] de la declaración de intenciones vamos a empezar de verdad. Para ello comenzaremos con algo flojito, uno de los mitos mas famosos [...]

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