Me parece que todos estamos al cabo de la calle de las múltiples conspiranoias que pululan por ahí y los Estados Unidos parecen campo abonado. El día 14, Sharon Weinberger, autora de Imaginary Weapons: A Journey Through the Pentagon’s Scientific Underworld (”Armas imaginarias: Un viaje por el submundo científico del Pentágono”), publicó en The Washington Post un artículo muy interesante al respecto: Mind Control. Aparecen allí una serie de personas que dicen que están siendo controladas por organismos del gobierno de los EE.UU. Por otra parte, es bien sabido que las fuerzas armadas estadounidenses manifiestan desde hace muchos años un notable interés por lo que ellos llaman, y comenzó siendo, “modificación de conducta” pero, ciertamente, se acerca cada vez más al “control mental”… pero ya hablaremos de ello.
El caso es que estos sentimientos, que tienen toda la pinta de paranoicos, en relación con un control mental externo, no son precisamente nuevos. Este año se cumplen 210 años desde el ingreso en el Bethlem Royal Hospital -Bedlam-, el hospital psiquiátrico más antiguo del mundo, de un tal James Tilly Matthews. El buen hombre decía que el Air Loom Gang (la “Banda del Telar Aéreo”) influía en él con un dispositivo electromagnético, mediante un implante colocado en su cabeza. El perverso grupo le inyectaba pensamientos, le impedía hablar con fluidez, le cortaba la circulación y hacía que el buen sentido pareciera locura.
La descripción del caso se la debemos a John Haslam, boticario del Bedlam, que allá por 1810 publicó el libro cuya portada aparece a la izquierda. Era la primera descripción clínica de un paciente que, aparentemente, padecía ensoñaciones de control mental.
El personal del Bedlam consideraba que Matthews era un lunático. Sin embargo, dos médicos, los doctores Birkbeck and Clutterbuck, dijeron que estaba completamente cuerdo. En realidad, parece que Matthews no estaba internado por razones médicas, sino por orden de Lord Liverpool, ministro del Interior, a quien Matthews había acusado de traición en la Cámara de los Comunes.
Decía Matthews que había estado negociando un tratado de paz con Francia y le habían traicionado. Aunque la historia de Matthews era bastante rara, algunos aspectos de la misma cuadraban bastante bien; cuando fracasó su misión en París, los franceses lo encarcelaron. Por su parte, él se comportó de forma muy cuerda.
En el Bedlam, Matthews aprendió dibujo arquitectónico y diseñó los planos de un nuevo edificio hospitalario. Los directivos del hospital le dieron 30 libras por su trabajo y, de hecho, algunas características de su diseño se incorporaron al del nuevo Bedlam. Su familia decía que era excéntrico, pero cuerdo.
Al final, James Tilly Matthews recibió el alta del Bedlam y fue ingresado en una casa de salud privada, dirigina por un tal Mr. Fox, en Hackney, donde murió en 1815.
El relato de Haslam sobre Matthews pretendía demostrar que, en realidad, este estaba loco, pero Matthews tuvo la buena idea de conservar sus notas sobre su tratamiento, las cuales llegaron a manos de una comisión de la Cámara de los Comunes que, en 1815, el mismo año de la muerte de Matthews, investigó el trato que se daba a los pacientes en el Bedlam algún tiempo después de su muerte. No cabe duda de que esas notas influyeron en la decisión de la comisión de despedir a Haslam y ordenar que los pacientes fueran mejor tratados en el futuro.
Por su parte, Lord Liverpool llegó a ser Primer Ministro y, para hacerse una idea del carácter del buen señor y de su forma de tratar a quien no se mostrara de acuerdo con él, un espía de su gobierno urdió el compló para matar al rey, conocido como la Cato Street Conspiracy, o la Derbyshire Insurrection, que también fue incitada por agentes provocadores del gobierno.
Hay que suponer que, en efecto, Matthews padecía algún tipo de alucinaciones, relacionadas en parte con el auge que en su época tuvo el mesmerismo, pero, si Matthews fue víctima de un compló, nada raro teniendo en cuenta las andanzas del buen Lord Liverpool, ¿qué podemos decir de la máquina infernal que le atacaba, la máquina de control mental que él llamó Air Loom? Según Matthews, enviaba “rayos magnéticos invisibles” que incluían en un imán implantado en su cabeza y elaboró muchos diagramas del mismo. Aquí mostramos uno de ellos que figura en el libro de Haslam.
Pero el Air Loom, la primera presunta máquina para influir en los seres humanos, también ha tenido su réplica a tamaño natural. Rod Dickinson, en colaboración con Tyne and Wear Museums y el equipo técnico y el grupo de teatro Headway la construyó y estuvo instalada en la Laing Art Gallery, en Newcastle, hasta el 5 de enero de 2003. He aquí una foto del “invento”:
El caso tiene muchos paralelismos con las modernas descripciones que hacen los norteamericanos “perseguidos” de la actualidad a los que se refiere el artículo mencionado. De todos modos, sirva este post de “introducción” a otros que seguirán sobre las modernas tecnologías de control de las fuerzas armasdas de los Estados Unidos que ya empiezan a conocerse… Un tema verdaderamente interesante, tanto desde el punto de vista científico y técnico, como desde el ético.
















