Il n’est pas plus étrange qu’un athée vive vertueusement qu’il n’est étrange qu’un chrétien se porte à toutes sortes de crimes.
No es más raro que un ateo viva virtuosamente que un cristiano consienta toda clase de crímenes.
Es una frase de este buen señor que traigo hoy a colación. No es tan conocido como otros que he colgado por aquí, pero me parece que merece que le prestemos cierta atención…
Nació en Carla-le-Comte (Francia) el 18 de noviembre de 1647 y era hijo de un pastor hugonote. Su padre se encargó de su educación primaria y le enseñó latín y griego, pero tuvo que esperar que su hermano finalizara sus estudios para poder asistir él al colegio menor protestante de Puylaurens.
A los 21 años ingresó en el colegio mayor de los jesuitas de Toulouse y al mes de estar allí se convirtió al catolicismo. Se licencia en artes con una tesis sobre la Virgen María, pero, a los 17 meses de su conversión, reniega del catolicismo y regresa al calvinismo.
Marcha a Ginebra en 1670, para evitar que lo persigan. Allí trabaja como preceptor, estudia a Descartes y la teología protestante.
Pasados unos años, vuelve a Francia y, durante algunos años, trabaja como preceptor en París y en Ruán, y escribe con el seudónimo de Bêle. En 1675, a instancia de su amigo Henri Basnage de Beauval, presenta su candidatura a la universidad protestante de Sedán, la capital del principado que fuera soberano en el siclo XVI, pero que pasó a depender de Francia en a mediados del XVII, siendo refugio de judíos y protestantes franceses. Superado el concurso y, en parte, con la ayuda de su futuro enemigo Pierre Jurieu, es nombrado catedrático de filosofía.
En 1681, se cierra la universidad de Sedán, pero casi inmediatamente es nombrado profesor de filosofía y de historia de la recién inagugurada École Illustre de Roterdam.
En 1682, edita su célebre Pensées sur la comète y su crítica de la obra de Louis Maimbourg sobre la historia del protestantismo. Su gran reputación le vale la enemistad de Pierre Jurieu que escribe un libro sobre el mismo tema.
En 1684, comienza la publicación de su revista de crítica literaria, Nouvelles de la république des lettres, que logra gran éxito en toda Europa.
En 1690, aparece Avis important aux réfugiés, en el que propone la libertad de religión y la tolerancia, lo que provoca la cólera de Pierre Jurieu y la del obispo de Rieux.
Cuando se produce la revocación del edicto de Nantes, combate en sus escritos la intolerancia de Luis XIV, aunque al mismo tiempo compromete con sus ataques a todas las comuniones cristianas. Sus enemigos, con Jurieu a la cabeza, consiguen, tras una larga querella, privarlo de su cátedra en 1693, por impiedad y, paradójicamente, complicidad con el rey de Francia.
Esto no le supone ningún contratiempo grave durante la preparación de su Dictionnaire historique et critique, obra importante que prefigura la Encyclopédie. Quiere ser una corrección de los errores de los autores de diccionarios anteriores. El diccionario es un laberitno, compuesto por artículos imbricados unos en otros, con numerosas notas y citas. En cierto sentido, prefigura el hipertexto.
Su enseñanza principal, a través de un pensamiento aparente pero falsamente errático, es que el mundo no se reduce nunca a una visión maniquea, de bien y mal, y supone el entrecruzamiento permanente de puntos de vista y opiniones contradictorias.
Jurieu lo denunció al consistorio como impío y al Príncipe de Orange, convertido en rey de Inglaterra, como enemigo del estado y partidario secreto de Francia. Gracias a la protección de Lord Shaftesbury, escapa de sus perseguidores. Los últimos años de su vida los consagró a diversos escritos.
Pierre Bayle, que así se llamaba nuestro hombre, fue, ante todo, un escéptico. En su diccionario, presenta las opiniones más contradictorias y aduce argumentos nuevos a favor de ellas, sin que por eso las haga suyas. Su manifiesta incredulidad anticipa a Voltaire. Se muestra muy crítico con la idea de una intervención divina en los asuntos de los hombres y con la religión en general. Piensa que Dios es independiente con respecto al mundo, cuestionando la providencia. Ataca con furor las manifestaciones que la religión adjudica a Dios, como los milagros. No critica tanto la religión, cuyo papel moralizador defiende, sino el uso hipócrita a que puede dar lugar. Separa, por tanto la ética de la religión: es posible ser un ser justo y recto sin creer en la existencia de Dios. Con ello, defiende el ateísmo como una opción de vida, en igualdad de condiciones con la creencia religiosa. Por todo ello, Bayle, el escéptico del XVII, aunque no sea un pensador muy conocido entre nosotros, sí es, en mi opinión, rotundamente moderno.
Pierre Bayle murió en Roterdam, el 28 de diciembre de 1706, hace 300 años. En su honor, la población en la que nación se llama hoy Carla-Bayle.













“No critica tanto la religión, cuyo papel moralizador defiende, sino el uso hipócrita a que puede dar lugar.” 80% de acuerdo`. Supongo que en algún momento la iglesia tuvo un papel moralizador, pero actualmente solo sirve para que la gente se quede tranquila por haber confesado sus pecados todas las semanas. A mi parecer, el rito de asistir mecánicamente al templo todos los domingos a aguantar 30-45 minutos lo que te diga el cura, no aporta mucha moralidad a los asistentes.
“…es posible ser un ser justo y recto sin creer en la existencia de Dios.” 100% de acuerdo. Es más, creo que muchos de los que creen en Dios no son muy justos que digamos. Mucha gente se toma al pie de la letra lo de que el domingo le perdonan todos los pecados, y de lunes a viernes son “poco” cristianos (por decirlo de una manera suave).
“Con ello, defiende el ateísmo como una opción de vida, en igualdad de condiciones con la creencia religiosa.” 100% de acuerdo. Yo creo que el ateísmo es mejor opción de vida que todas las religiones que conozco hasta la fecha.