Es de sobra conocido lo respetuoso que es el pueblo japonés. Al menos, mientras no haya una cámara de televisión por medio, porque entonces el desprecio por sus semejantes es absoluto. Ya lo descubrimos en el clásico Humor Amarillo (ahora repuesto en Cuatro), viendo como Takeshi Kitano castigaba a los concursantes con pruebas tan dolorosas como Las Zamburguesas o El Laberinto del Chinotauro. En este vídeo cazado de No Puedo Creer… podemos ver como unos pobres japoneses entran en un aparentemente inofensivo servicio público y se quedan, literalmente, con el culo al aire.

















Con relación al post siguiente: A estos sí que habría que psicoanalizar (y me refiero a los que montan el guirigay), aunque probablemente tendría que ser más desde un enfoque Adleriano.