Poco a poco en esta nueva era de información digital vamos tomando conciencia de los bienes virtuales que existen en la red. Y cuando me refiero a bienes no me estoy refiriendo a información, bits a bytes que adquieren un valor real, económico en la mayoría de los casos.
Una de la cosas que siempre me había llamado mucho la atención es el valor que se le puede dar a los objetos virtuales que existen en muchos juegos de Internet., pero actualmente como ex-jugador de Diablo 2 en bnet ya no me coge tan fuera de juego noticias como esta - bastante sencionalista por su parte - que leo en El Mundo.
Habiendo vivido sumergido durante mucho tiempo en el mundo de diablo 2, he podido ver como gente se dejaba su dinero por comprar objetos virtuales del juego, trifulcas entre compañeros de juego por la desaparición de objetos, etc.
La verdad que en muchas ocasiones estos juegos sacan a relucir lo peor de muchas personas, que quedan cegadas por la codicia, la impunidad y el anonimato que da Internet. Provocando en otras personas comportamientos compulsivo, exagerados y totalmente fuera de la realidad. Estoy convencido que el Illaq sabrá darme el nombre clínico de tal comportamiento, que seguro que no es nuevo sino que ahora tiene un nuevo caldo de cultivo donde desarrollarse.


Por un lado se me antoja un desperdicio pagar dinero real por nosequé artefacto virtual. Y aunque juego a alguna cosa online a nada que deje una realidad persistente, más que los nombres de los jugadores con los que jugaste hoy.
Por otra parte, pensando pensando, me he dado cuenta que yo gasto mucho dinero en cosas intangibles. Voy al teatro y al cine, si voy de viaje pago entrada en museos y monumentos y, al fin y al cabo, salvo las fotos que quedan estoy pagando por vivencias, que son cosas muy efímeras.
Si una persona juega X horas a la semana ¿por qué no pagar por potenciar su entretenimiento?
Respecto a llegar a asesinar por algo de la vida virtual… Quiero pensar que el presunto asesino lo sería independientemente de que la causa original fuese un artefacto de diablo, una plaza de aparcamiento, o un asiento para un concierto de los Rollings Stones; y no un fruto exclusivamente de Internet.
Conforme contigo Jamarier: Nunca he pagado por un objeto virtual aunque entiendo que gente page por él.
Respecto al asesinato, Internet solo fue el caldo de cultivo y no se le puede achacar la causa de dicho asesinato.
Ante las alusiones, el Illaq no tiene más remedio que entrar al trapo, a pesar de lo “entretenido” que está mediando en castellano una pelea filosófico-social entre una filósofa norteamericana y un filósofo alemán…
Ante la noticia, que el Illaq también vio, sólo cabe pensar en obsesiones (neurosis obsesivas, por lo fino), pero el mecanismo de la obsesión es siempre el mismo: todo acaba dando vueltas en torno al objeto y cualquiera que haya estado obsesionado por cualquier motivo (amor, odio, trabajo, estudio…) habrá comprobado la angustia que se siente.
Cuando la angustia se hace insoportable, los comportamientos son incontrolables, con independencia de que el motivo sea “real” o “virtual” (¿acaso hay alguna diferencia?): en el sujeto, el motivo es “información”, e información computable en bits y bytes, aunque mediada por la neurobioquímica…
El Illaq cree que, como con mucha razón dice Jamarier, todos utilizamos con profusión el dinero (”reforzador universal” que dirían los conductistas) para pagar objetos virtuales (¿acaso compramos un ramo de flores por la materialidad de las mismas?).
Por lo demás, el Illaq cree que ciertas conexiones, subliminales o manifiestas, que establecen los “medios de comunicación” entre Internet y el delito, como entre los juegos de rol y los delitos, por ejemplo, no pasan de ser manifestaciones egregias de la estupidez y la ignorancia.
El Illaq sabe que, a veces, es muy bestia, pero, ante ciertas cosas, pierde su templanza…
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Aclaración: El Illaq ha borrado el tercer “post” porque era el mismo que el segundo, pero Blogger no quería publicarlo. Así que el Illaq decidió darle una lección a Blogger y volvió a mandar su comentario. Blogger se asustó, al ver que el Illaq podía repetir la operación y publicó los dos.
Ni que decir tiene que el Illaq ha disfrutado mucho al contemplar su poder en acción…