Es débil porque no ha dudado bastante y ha querido llegar a conclusiones.
De antemano sé que el personaje sobre el que hoy va mi comentario y mi recuerdo suscita opiniones encontradas: tiene partidarios y tiene furibundos detractores.
En nuestra época, en la que tanta apelación a la ciencia se oye pero son tan pocos quienes pueden presumir de “saber ciencia”, el personaje al que se le ocurrió aquello de “!que inventen ellos!” no cae bien… No importa que no se haya leído una sola letra de sus escritos. Tampoco importa que, en sus mismas contradicciones, muestre su rotunda humanidad…
No obstante, si este comentario sirve para picar la curiosidad de alguien y se decida a leer algo de este maestro de la filosofía asistemática, nivolista y poeta, ya habrá servido de algo. A fin de cuentas, también dijo aquello de…
Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee.
Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao el 29 de septiembre de 1864. Su padre era un comerciante indiano y su madre, sobrina carnal de aquel. Era el tercero de seis hijas e hijos. Estudió el bachillerato en Bilbao, pero fue en la Universidad Central de Madrid donde estudió Filosofía y Letras, licenciándose en 1883, con la calificación de Grado de Sobresaliente. En 1884, se recibió de Doctor en Filosofía y Letras con la tesis Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca.
De nuevo en Bilbao, se dedica a dar clases particulares. El 31 de enero de 1891, contrae matrimonio con Concepción Lizárraga. Durante ese mismo invierno, prepara las oposiciones a la cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca, que consigue. Con motivo de las oposiciones, entabla amistad con Ángel Ganivet, amistad que se prolongará hasta el suicidio de este, en 1898. Desde entonces, Salamanca será su residencia, salvo los períodos en los que estuvo deportado o exiliado, a causa de sus ¡deas y manifestaciones políticas, situaciones que recoge muy bien el artículo Miguel de Unamuno, de la Wikipedia.
Por su formación filosófica, en principio, Unamuno se muestra partidario de las ideas positivistas y racionalistas, pero la influencia de Harnack le llevará a rechazar el racionalismo. Al final, su pensamiento filosófico se caracterizará por su asistematicidad. Quizá haya que considerarlo más un pensador que un filósofo en sentido estricto. Personalmente, me recuerda mucho una forma de existencialismo, que no solo se muestra en sus escritos “filosóficos”, sino también en su obra literaria y en su misma vida.
De joven no ocultó nunca sus simpatías por las ideas socialistas, afiliándose al Partido Socialista en 1894. Hacia 1897, experimenta una honda crisis personal que agudiza sus preocupaciones de carácter religioso.
En 1900, es nombrado Rector de la Universidad de Salamanca, cargo del que es desposeído en 1914, por declararse partidario de los aliados en la I Guerra Mundial. Seis años más tarde, Unamuno es procesado por escribir un artículo injurioso contra el rey Alfonso XIII. Sus ataques también se dirigen contra el Dictador Primo de Rivera. Deportado a la isla de Fuerteventura en febrero de 1924. El 9 de julio es indultado, pero prefiere exiliarse en París, aunque acabará en Hendaya, en el País Vasco francés. En 1931 regresa a Salamanca, participa en la vida política de la ciudad y de España, y vuelve a ser nombrado Rector de la Universidad. Sin embargo, el Gobierno de la República volverá a desposeerlo del cargo, por adherirse al levantamiento del general Franco.
Repuesto en el cargo por el Gobierno franquista, pronto se enfrentará con el régimen militar, cuando tiene conocimiento de los excesos, los fusilamientos y las detenciones de amigos suyos incluso. El remate de la faena será su gravísimo enfrentamiento con el general Millán Astray, fundador de la Legión y múltiple mutiliado de guerra, que tampoco podía ver al filósofo y escritor. Durante los actos de celebración del “día de la Raza” en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936, tras una serie de discursos en contra de la “anti-España”, como decían los facciosos de la República y los republicanos, Unamuno criticó duramente el levantamiento, terminando con la célebre sentencia:
Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir”.
De inmediato, Millán-Astray se levantó lanzando el grito legionario: “A mí la Legión”, gritando el lema legionario: “¡Viva la Muerte!” y lanzando el estúpido: “¡abajo la inteligencia!”. La contestación de don Miguel no se hizo esperar: “¡Viva la vida!”, que, en aquella tesitura, era casi un insulto a la Legión.
Ese mismo día, la corporación municipal se reunió en secreto y expulsó a Unamuno, a la sazón concejal. El proponente de la expulsión, Rubio Polo, floreó, al parecer, su discurso con: “… por España, en fin, apuñalada traidoramente por la pseudo-intelectualidad liberal-masónica cuya vida y pensamiento [...] sólo en la voluntad de venganza se mantuvo firme, en todo lo demás fue tornadiza, sinuosa y oscilante, no tuvo criterio, sino pasiones; no asentó afirmaciones, sino propuso dudas corrosivas; quiso conciliar lo inconciliable, el Catolicismo y la Reforma; y fue, añado yo, la envenenadora, la celestina de las inteligencias y las voluntades vírgenes de varias generaciones de escolares en Academias, Ateneos y Universidades”.
El 22 de octubre, Franco firmaba el decreto de destitución de Unamuno como rector.
Estos acontecimientos no hacen sino destacar la personalidad de don Miguel de Unamuno, su valentía, sus sentimientos y su afán auténtico por la mejora de España. Sin duda, fue un hombre de una personalidad original y desbordante, muy polémica y, a veces, contradictoria, tanto en su pensamiento como en su actividad política. Como ya he señalado, no se trata de un pensador sistemático: sus ideas aparecen en ensayos, poemas, novelas y dramas.
Entre los ensayos, yo (aunque, desde luego, no solo yo) destacaría: Vida de Don Quijote y Sancho, de 1905; Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, de 1913, y La agonía del Cristianismo, de 1925.
Entre sus nivolas, como él mismo las denominó, tratando de marcar distancias con el género literario novelístico, están Niebla, de 1914, fundamental para entender al escritor; Abel Sánchez, de 1917, y San Manuel Bueno, Mártir, de 1933. Sus poemas, de gran calidad y marcadas por un profundo sentimiento, yo destacaría El Cristo de Velázquez, de 1920.
Y no me resisto a mencionar la noticia que publicaba anteayer El país en relación con don Miguel de Unamuno y su cargo de concejal de Salamanca. Me imagino que al pensador le traería sin cuidado la anécdota, pero me resulta cuando menos curiosa la postura del Partido Popular ante la petición de dejar sin efecto el vergonzoso acuerdo municipal que privó a Unamuno de aquel cargo.
Personalmente, estas cosas de peticiones de perdón por hechos ya muy pasados, como los homenajes póstumos, los elogios post mortem y cosas por el estilo me parecen un poco… chocantes, pero más chocante aún me resulta que, puestos a ello, salgan a relucir posturas tan raras, que más parecen hijas del grito final del general Millán Astray.
Don Miguel de Unamuno murió en Salamanca el 31 de diciembre de 1936, hace hoy 70 años.


Por favor,necesito información de las características de la nivola y ya no se dónde buscar…necesito hablar sobre los elementos innovadores en la nivola “San Manuel bueno,mártir” alguien puede ayudarme? Mandadme la contestación al e-mail superlyly_91@hotmail.com
Gracias!!