La guerra interminable

¿Por qué llamamos “ciencia-ficción” a la ficción más o menos coherente sobre “el futuro”, un futuro lejano en el momento en el que escribe el novelista? Por mi parte, aunque, como todo hijo de vecino, utilizo la expresión, considero la novela de ciencia-ficción como lo que, a mi modo de ver, es: novela sin calificativo.

Sé que La guerra interminable no es un libro precisamente nuevo. Si no me equivoco, la primera edición en España la publicó EDHASA en 1980, seis años después de la primera edición en inglés de The Forever War. Sin embargo, me parece que el paso del tiempo no la ha invalidado en absoluto. Como es natural, el autor ha aprovechado sus propias experiencias vitales para trasladarlas (proyectarlas) en la obra y quizá por eso las acciones y reacciones de los personajes resultan muy verosímiles a pesar de las diferencias socioculturales que presenta entre las abrumadoramente diferentes épocas a las que alude la narración.

Si a eso se añade que Haldeman es físico y astrónomo por su formación inicial, nada tiene de extraño que maneje con  soltura y sin alardes las particularidades de la naturaleza descritas por la teoría de la relatividad con respecto a los cambios del espaciotiempo cuando los viajes se realizan a velocidades próximas a la de la luz, por una parte, y a la posibilidad, hoy por hoy ficticia, de los “saltos” instantáneos entre determinados puntos del universo.

Por lo demás, es posible que la obra tenga mucho de autobiográfico. Para empezar, el nombre del protagonista es el segundo nombre del autor, William, y el de su compañera, Marygay Potter, es muy parecido al de soltera de la esposa de Haldeman. Es, en esencia, una historia de amor que, como todas las odiseas amorosas “de carne y hueso”, encierran una dosis inevitable de sufrimiento, de confianza y de esperanza, en medio de los desastres que supone la guerra y de la deformación que la experiencia bélica imprime a la vida humana. A través del relato, siempre interesante, el lector “ve” el ejército de los EE.UU. en Vietnam, la coerción que, de uno u otro modo, impone a los excombatientes que vuelven a perder el “ex” y la situación vital surrealista que experimenta la persona no belicista que, sin embargo, se encuentra inmersa en una dinámica bélica constante.

Se ha dicho que esta obra es la respuesta “pacifista” de Haldeman a la propuesta “militarista”de la novela Starship Troopers, de Robert A. Heinlein. En todo caso, sí es un alegato y, en mi opinión, bueno sobre el absurdo de la guerra.

En  resumen, una novela muy entretenida, bien trabada y muy recomendable, escrita hace ya bastantes años y que, sin embargo, sigue siendo muy actual. Lástima que la traducción, de Edith Zilli Nunciati, traductora de muchas obras de ficción, sea bastante mala.

En cuanto al autor, Joe William Haldeman, estudió física y astronomía en la Universidad de Maryland, siendo reclutado para ir a la Guerra de Vietnam. Por sus acciones bélicas, recibió una de las condecoraciones militares más importantes de los EE.UU. En la guerra, también fue alcanzado por la explosión de una mina. Licenciado del ejército, decidió dedicarse a la literatura, convirtiéndose en uno de los más respetados autores de ciencia-ficción, habiendo recibido los premios Nebula y Locus por esta novela. En la actualidad, es profesor de redacción de un programa de redacción del MIT.

La guerra interminable. Joe W. Haldeman (trad. Edith Zilli Nunciati). Barcelona: Edhasa, 2002. ISBN: 9788435020725.

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