Anatomía del miedo

20071207_Adm.jpgHe tenido la tentación de titular el post: “una pérdida de tiempo”… Acabo de terminar la relectura de este presunto y, en mi opinión, presuntuoso “tratado sobre la valentía”, según reza el subtítulo, y, ¿qué decir? Como no tengo mucho tiempo, procuro escoger los libros que voy a leer con bastante cuidado. La intención es aprender (o discutir) o, en su caso, disfrutar. Pues bien, con Anatomía del miedo ni he aprendido ni he disfrutado. El autor, que escribe muy bien, lo que, sin duda, hace que el libro pueda resultar ameno, se dirige al lector cual sabio que, unas veces, se permite aconsejar, otras, juzgar, a veces cosas que no domina (es obvio, por ejemplo, que, cuando se refiere al análisis y modificación de conducta, confunde algunos conceptos), mezcla indiscriminadamente teorías psicológicas, prácticas psiquiátricas y experiencias personales, y todo desde su pedestal, en un tono que se me antoja paternalista. A medida que leo, suelo dejar señales en aquellas páginas en las que veo algo erróneo o con lo que estoy en desacuerdo… ¿qué se puede decir de un ensayo de 255 páginas en el que tengo 53 señales?

Dice el autor en algún lugar que se trata de “un libro de filosofía”… En ese caso, le sobran 188 páginas dedicadas a tratar de hacernos ver cuánto sabe, cuánto ha leído, qué experiencia tiene y cómo domina otras lenguas. Casi desde el principio, yuxtapone expresiones en castellano con sus correspondientes en otro idioma, por ejemplo: “un argumento compartido, el mismo plot, como dicen los psicólogos anglosajones” (p. 18). ¡Toma!, claro, y los anglosajones no psicólogos también.

A veces, hace excursiones filológicas, con poca o regular fortuna. Así, en la página 15, dice: “A los anglosajones les resulta más fácil separar ambas cosas [experiencia y significado de la experiencia], ya que distinguen entre emotion, un proceso íntimo no consciente, y feeling, que es el sentimiento consciente…” (p. 15). ¿Qué quieren que les diga? El diccionario Merriam-Webster no está del todo de acuerdo con Marina… En la entrada emotion veo, al final, synonyms: see FEELING… Por otra parte, es obvio que, en castellano, hay una clara diferencia entre emoción, sentimiento y sensación.

Con respecto al contenido, Marina maneja una infinidad de autores: psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas, filósofos, literatos, para hacer una especie de descripción del miedo, mezclado con angustia, fobias, obsesiones y otros trastornos mentales, más o menos graves. No cabe duda de que el único requisito intelectual para escribir sobre cualquier tema es conocerlo y, de ser así, bueno es divulgar el saber. Pero es difícil esa labor de divulgación si, en vez de desarrollar una labor crítica, se mezclan sin solución de continuidad pensamientos, escuelas, logros y fracasos. Repito que la lectura del libro puede resultar amena, pero esconde una gran trampa. En un libro de “ensayo” es imprescindible presentar notas o, al menos, una bibliografía. Marina se escuda en que la ofrece en su página web (lo que le asegura visitas, por cierto). Si se molestan en mirarla, verán que el autor utiliza muchos materiales que no son de última hora, lo cual, en un campo tan dinámico como el psicológico (con acierto o sin él), induce a desconfiar. Me parece intelectualmente impresentable.

Cuando comienza con las páginas “filosóficas”, parte de una proposición errónea: Nos hemos movido en el campo de la psicología, ciencia necesaria que, sin embargo, se extralimita al pretender monopolizar la explicación –y dirección del comportamiento humano… ¡Falso! Es difícil hacer lo que dice Marina cuando son muchos los campos que versan sobre el comportamiento humano: desde la economía hasta la sociología, pasando por la antropología.

En resumen, tal como yo lo veo (quizá otras personas no lo vean así), el libro abusa de una suerte de eclecticismo psicológico, como si la “psicología” fuese “una” ciencia y no diversos “programas” de investigación; mezcla psicología y psiquiatría; se erige en juez que dictamina lo que está bien y mal… sin una sola nota en el libro.

20071207_Marina.JPGEn cuanto al autor, José Antonio Marina Torres, es catedrático de secundaria en excedencia, ensayista, conferenciante y es Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia. Además, ha recibido muchos premios, entre los que destaca el Nacional de Ensayo de 1993, por su obra Elogio y refutación del ingenio.

Por supuesto, lo que digo en este post no supone un juicio de valor acerca de una obra tan voluminosa como la de Marina. En todo caso, en aras de la claridad científica y filosófica, no me parece conveniente la mezcla disciplinaria porque va, precisamente, en contra de lo que pudiere ser una cooperación fructífera interdisciplinaria.



2 Comentarios en 'Anatomía del miedo'

  1.  
    diciembre 7, 2007 | 20:45
     

    Dejé de leer hace tiempo a este sujeto. Nos pidió dinero para escribir para una revista como “Al Sur del Sur”, que distribuimos de forma gratuita y hacemos desde un instituto de un barrio marginal. No digo que no pueda pedir lo que quiera, pero sí que igual hubiera sido más digno un “no tengo tiempo”.

    Por lo que respecta al post, no puedo más que compartir cada una de tus palabras. Tengo la sensación de que poco a poco se ha metido en el callejón sin salida del propio personaje mediático que se ha creado, ameno sí, profundo y riguroso desde luego que no, desde ningún punto de vista. Supongo que pasará a la historia como uno de los que más vendió, como el Bisbal ése y tantos otros en otras disciplinas. Lo más honesto que le he leido ha sido su “Elogio y refutación del ingenio”, y creo que precisamente porque no intentaba elaborar sistemas, sino sugerir, evocar, y eso sí lo hace medianemente bien, justo porque sólo hace bien eso no es un filósofo.

    ¡Saludos!

  2.  
    Illaq
    diciembre 8, 2007 | 18:43
     

    Entiendo y me parece justo cobrar por el trabajo que uno haga. No entiendo que alguien que, sin duda, goza de una posición económica acomodada y que presume de su preocupación por la educación, no se preste a colaborar gratis con una acción educativa. Me parece…¿cómo diría?… ¿un pelín poco ético?, ¿un poco hipocritilla y tal?… ¡Lástima!, ciertamente. Un saludo.

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