Casadas, monjas, rameras y brujas

Me gusta la forma de escribir de Manuel Fernández Álvarez (Felipe II; Isabel la Católica; Juana la Loca, la cautiva de Tordesillas; Carlos V, entre otras obras). Su estilo es ágil, entretenido; te introduce hábilmente en el tema y te invita a establecer un diálogo con él. Casadas, monjas, rameras y brujas habla de las mujeres españolas en el siglo XVI y, más en concreto, de las mujeres españolas “de ciudad”, de las ciudades que salen ya de las murallas medievales, así como del papel que les tocó desempeñar en un mundo indudablemente masculino y machista, cuyas características no nos son tan ajenas como, en principio, pudiéramos pensar.

El autor conoce bien el Renacimiento y nos brinda una imagen clara. Conoce también el Renacimiento español y sus peculiares notas, que resume con un símil muy iluminador: un edificio que, en su decoración, se muestra innovador, pero, en su estructura, permanece fiel a los cánones anteriores.

Levantado el escenario, Fernández Álvarez nos plantea la gran pregunta: ¿qué lugar ocupan las mujeres urbanas en el siglo XVI español?

Dos niveles: clase alta, cortesana, influyente y, en determinados casos, muy poderosa, y la mujer corriente, sometida al control ideológico y moral de la Iglesia, y socialmente infravalorada.

Dos salidas honorables: casada o monja.

La casada lo es con quién le dan… o la cobra, por regla general, un hombre ya experimentado. El consejo al macho es claro: no tienes porqué amarla… es más, la pasión es mala consejera para el matrimonio… para dar rienda suelta a la pasión, mejor buscar por otro lado…

La monja “se casa con Dios”… las hay, como entre las casadas, las que son fieles y aún grandes y sublimes (el autor menciona con razón a Teresa de Jesús); las hay desesperadas: era una salida airosa para las hijas de buenas familias; las hay que ejercen de hembras… buena ocasión para ciertos curas.

El resto de las salidas es… de paso: solteras; marginadas: criadas, esclavas, rameras; sospechosas: conversas, moriscas y gitanas; encarnaciones del mal: brujas.

La soltera, perdidas sus oportunidades, se transmuta en solterona, figura triste y amargada que ha perdurado hasta hace muy poco y todavía puede contemplarse.

La criada, muchacha venida del campo que ha de servir en casa de familias de ciudad con posibles… y calentar alguna que otra cama de los hijos de la familia y, ¿por qué no?, del señor… con sus secuelas de hijos de hijos o hijos de señores que quedan abandonados a las puertas de catedrales, de la casa de algún “señor” o en plena calle, y el camino abierto a la mancebía. Y, si la criada vive así, ¿qué decir de la esclava? Oficio triste y paralelo a la de aquélla, con mayor sumisión y fin parecido.

La ramera, como puede suponerse, es oficio asentado y de clientela asegurada. La mancebía es establecimiento abierto, que proporciona buenas rentas a los padres de las mancebías, sus dueños y, ¿cómo no?, a señores y reyes. Y, donde no había mancebías, allí estaban las celestinas. Como dice Pármeno, en La Celestina, “tenía seis oficios, conviene a saber: labrandera, perfumera, maestra de facer afeites e de facer virgos, alcahueta e un poquito hechicera”…

Punto y aparte merecen las que quedan. Sobre las conversas y las moriscas sospechosas pesa siempre la sospecha de mantener sus antiguos ritos, con una fachada de cristianas, sospecha que se transforma por mor de aquella sociedad en práctica certidumbre, como prueba la instauración de los certificados de “limpieza de sangre”. Las gitanas, como también las moriscas, tienen fama de hechiceras… todas ellas están marcadas y tanto la sociedad civil como la Inquisición estarán siempre alertas frente a ellas

Toca ya el turno a las brujas. Aunque también hubo brujos y algunas brujas jóvenes, el patrón habitual es el de la mujer vieja, desdentada, sin bienes, fea… aliada con Satán, en definitiva. Motivo más que suficiente para la persecución. Es curioso que algunas mujeres tenidas por brujas pudieran escapar de la hoguera gracias, precisamente, a algún inquisidor inteligente.

Hacer una crítica de un libro de historia no es tarea fácil, especialmente para quien no es historiador. No voy a entrar, pues, en tarea semejante. Lo único que me cabe, por tanto, decir es que se trata de un libro bien escrito, bien documentado e interesante, que quizá ayude al lector a comprender un poco más la transición del Medievo al Renacimiento y, al mismo tiempo, consideraciones y hechos referidos a la mujer que, por desgracia, siguen vigentes en nuestros días.

Casadas. monjas, rameras y brujas. La olvidada historia de la mujer española en el Renacimiento. Manuel Fernández Álvarez. Madrid: Espasa-Calpe. Col. Espasa Fórum. 2002.

perpetrado por Illaq @ 26/03/06 13:27
Esto es: Historia y Libros

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