El conde-duque de Olivares

¿Recuerdan el lío que se armó con el término “nación”, a propósito del célebre Estatuto de Cataluña? ¿Y cuántas veces han oído aquello de que los Reyes Católicos consiguieron la “unidad [indisoluble] de España”?

Por eso, a alguien no avisado, puede sorprenderle leer esto:


… Los reinos eran ya de por sí numerosos. Entre otros títulos, Felipe era rey de Castilla, León, Aragón, las dos Sicilias, Portugal, Navarra, Valencia, Granada, Mallorca, Cerdeña, las islas Canarias, “las Indias Orientales y Occidentales así como la Tierra Firme del Mar Océano”; duque de Brabante y Milán; conde de Flandes y Barcelooa; y señor de Vizcaya. Todos estos reinos y territorios teníasn sus propias tradiciones, sus instituciones particulares y sus problemas especiales…


20070525_CDOL.jpgEl texto aparece en el capítulo V de El conde-duque de Olivares, una obra histórica, más que biográfica, del hispanista inglés John H. Elliott, un libro cuyo centro es la figura del Conde-Duque, pero que es también la historia de la gobernación de esos reinos y de sus relaciones durante buena parte de la primera mitad del siglo XVII.

Hace falta mucho valor, en mi opinión, para abordar el estudio de la figura de D. Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde de Olivares y duque de San Lúcar la Mayor, personalidad extraordinariamente compleja, situada en un entorno complicado hasta la saciedad. Suele describírselo como el valido de Felipe IV de León y Castilla y, en efecto, fue primer ministro, factótum, confidente, amigo y defensor a ultranza del rey. Sin embargo, poco tiene que ver con la imagen típica que se ha dado del valido del rey: un hombre poderoso, en muchos casos incompetente y simplemente deseoso de notoriedad y sediento de poder, suplantador de las funciones reales, gracias a la despreocupación, pereza e incompetencia del rey, una imagen que se repite en relación con muchos primeros ministros españoles de los siglos XVII y XVIII.

Olivares fue un político de talla, con ideas muy claras –unas erróneas, otras no tanto- de los derroteros que debía tomar la monarquía. Trató de desburocratizar la toma de decisiones y procuró por todos los medios crear esa unidad uniforme de los distintos reinos y territorios, porque entendía que la monarquía (el estado) sería débil mientras no marchara al unísono.

20070525_CDO.jpgEn el terreno de los asuntos exteriores, Olivares pretende conservar la preeminencia española en Europa y mantener la unión entre las dos ramas de los Habsburgo: la imperial y la hispánica. En el interior, considera que hay que acabar con la diversidad de constituciones, leyes y normas de cada reino y territorio de la corona, imponiendo, en definitiva, la supremacía regia a todos los efectos. Es curioso que pretendiese imponer el centralismo borbónico, típico de la Francia de Luis XIV, antes de tiempo. No hay que olvidar que el gran contrincante de Olivares es Richelieu, que también tiene que luchar contra importantes opositores dentro de Francia.

A pesar de su indiscutible dedicación, sus planes no cuajaron: rebeliones y disturbios en el País Vasco en la década de 1630, opiniéndose al pago de nuevos impuestos; la rebelión secesionista de Portugal en el decenio de 1640, gracias a la conspiración del duque de Braganza, que se ve coronada por el éxito; la de Cataluña, en la misma época que la lusa, contra la presencia del ejército de Castilla, al que los campesinos y ciudadanos tenían que alojar y alimentar, en contra de la legislación catalana entonces vigente, que conduce también a un intento de secesión y de alianza con Francia; las derrotas continuadas en Europa, tras una primera época de cierta gloria.

Al final, el Conde-Duque, odiado por el pueblo, vilipendiado por sus muchos enemigos, es destituido por Felipe IV y, en la práctica, desterrado a Toro. Allí moriría en 1643.

El ocaso de Olivares es el del imperio español. Algunas de sus ideas eran geniales, pero las condiciones reales, con un agobiante problema financiero, la despreocupación de los nobles, las tradicionales exenciones de impuestos de la nobleza y la Iglesia, las cargas impuestas a los pecheros, hacen imposible mantener aquella estructura.

El libro de John H. Elliott no solo es un extenso estudio histórico del personaje protagonista, sino un repaso amplio y profundo de la historia española de la primera mitad del siglo XVII y, en consecuencia, de la historia europea. Como señalo al principio, permite también hacerse una idea de la situación real de los reinos, terrirorios y pueblos de España, que quizá ilumine el carácter un poco contra natura del posterior centralismo y de las ideas de unidad uniforme que tanto daño han hecho a la convivencia sociopolítica hispana.

20070527_JHE.jpgEn cuanto al autor, cabe señalar que Sir John Huxtable Elliott, catedrático emérito de Historia Moderna en la Universidad de Oxford y, durante 17 años, profesor en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (Estados Unidos), está considerado como uno de los más importantes hispanistas del mundo, especialista en los siglos XVI y XVII de la Historia de España, en la figura de los validos y, más concretamente, en la del Conde-Duque de Olivares, y en la historia comparada de la colonización española y británica en América. Es miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid, miembro de la British Academy y pertenece también a la American Academy of Arts ans Sciences y a la American Philosophical Association. Es doctor “honoris causa” por las universidades de Barcelona, Autónoma de Madrid, Valencia, Lérida, Génova, Portsmouth, Warwick y Brown. Entre otras distinciones, recibió en 1996 el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

En cuanto a la traducción, a cargo de Teófilo de Lozoya, sin que pueda decirse que es mala, tampoco merece calificarse como “buena”. Aparte de ciertos giros traducidos de forma bastante literal, contiene errores de vocabulario difícilmente perdonables  en quien ha traducido gran cantidad de obras, entre los que destaca la reiterada aparición de detentar con el significado de “ejercer el poder”.

El conde-duque de Olivares. John H. Elliott. Barcelona: Crítica, 2004. ISBN: 9788484325826 (ISBN 10: 84-8432-582-2).

perpetrado por Illaq @ 27/05/07 13:35
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