Franco y Hitler

Si la historia es la “disciplina que estudia y narra los acontecimientos pasados y dignos de memoria”, quizá fuere bueno acercarse todo lo posible a los datos y evitar el “ajuste” o “adaptación” de los mismos a la ideología de cada cual, que puede ser muy digna sin necesidad de “historias” ni de “razones históricas”. Al menos, así lo entiendo yo.

Basándose en fuentes primarias y secundarias, el autor revisa las relaciones entre la España franquista, la Alemania nazi y la Italia fascista desde la época de la Guerra Civil, señalando también, como obligado contexto, las habidas entre las democracias occidentales y la República Española, así como entre esta y la Unión Soviética stalinista. Señala Payne que la II República en guerra perdió su carácter democrático para consituirse en régimen revolucionario, desmontando así uno de los mitos que siguen circulando en torno al carácter constitucional de esa fase republicana.

De ese juego de relaciones internacionales se derivarían las que se mantendrían durante la II Guerra Mundial, en la que Alemania gozó de un trato absolutamente preferente, aunque más en los planos bélico (instalaciones de la Abwher en España, División Azul, etc.) y político que en el económico. Como señala Payne, aunque, hasta el ocaso de la II Guerra Mundial, siempre estuvo a favor de Hitler, Franco no pudo ni quiso prescindir nunca de las relaciones comerciales con el Reino Unido y con los Estados Unidos que, de hecho, fueron las que sostuvieron el régimen. Se acaba así con el otro gran mito en torno a la época: el pretendido despego de Franco con respecto a Hitler.

El modelo sociopolítico aplicado por Franco en España no respondía al esquema nacionalsocialista, acercándose mucho más al fascista de Mussolini, sin llegar a identificarse con él. No todos los jerarcas de la dictadura estaban de acuerdo con tal orientación y, a veces, las tensiones fueron muy graves entre grupos y personas con poder, tensiones que el libro refleja con precisión. El resultado fue que el régimen franquista se diferenció claramente del nazi y del fascista, diferencia que se ahondaría tras el final de la contienda mundial.

El autor analiza también las razones por las que España no entró en la II Guerra Mundial, la colaboración que mantuvo con el Tercer Reich, las relaciones comerciales (fundamentales para el mantenimiento del régimen) que mantuvo el régimen de Franco con el Reino Unido y con los Estados Unidos y la actuación de España y de los agentes españoles con respecto a los judíos.

La obra original, Franco and Hitler. Spain, Germany, and World War II, fue publicada por Yale University Press, el 24 de diciembre de 2007, me parece un importante trabajo de historia contemporánea que merece la pena leer. Como siempre, es preferible hacerlo en su versión original, aunque, en el caso que nos ocupa, la traducción al español, de Jesús Cuéllar Menezo, no es, en general, mala, aunque se aprecian ciertos errores que, en mi opinión, el traductor debería haber evitado. Para empezar, el título: en sentido estricto, debería ser “Franco e Hitler”; entiendo que se ha optado por interpretar una “h aspirada”, pero ese sonido no existe en español… Aparecen también construcciones inglesas (del estilo de “interés ‘en’…”, en vez de “interés ‘por’…”). En la página 61, refiriéndose al volumen de la ayuda de la Legión Cóndor, nos habla de “compañías de artillería”, cuando, en español, la unidad artillera de tipo compañía se denomina “batería”.  Se mencionan en varias ocasiones los “acorazados de Franco” (traducción macarrónica del inglés armoured, o sea “blindado”); en castellano, “acorazado” es únicamente un “buque de guerra blindado y de grandes dimensiones”. En la p. 154 habla del “capitán Luis Carrero Blanco”… ¿capitán de qué? En la terminología naval militar inglesa, captain es el “capitán de navío”, empleo naval equivalente al de “coronel”. Hay algunos otros…

En cuanto al autor, Stanley George Payne, es catedrático emérito del departamento de Historia de la University of Wisconsin-Madison, experto en los fascismos español y europeo y destacado hispanista, miembro de la Real Academia de la Historia desde 2004. Su defensa de ciertas afirmaciones de Pío Moa lo han desprestigiado a los ojos de algunos. Como no he leído ninguna obra de Moa, no puedo opinar al respecto. De todos modos, me sorprende que la Wikipedia en español sitúe a Payne en la órbita de Ricardo de la Cierva… Es curioso que en el libro que comento no haya una sola mención a este y sí gran catidad de ellas al difunto Javier Tusell, cuyas ideas no le granjearon precisamente la amistad de de la Cierva. Me da la sensación de que, en estos juicios, influye en exceso la ideología…

Franco y Hitler. España, Alemania, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Stanley G. Payne (traducción de Jesús Cuéllar Menezo). Madrid: La Esfera de los Libros, 2008. ISBN: 9788497347099.

2 Comentarios en 'Franco y Hitler'

  1.  
    joroñaquejoroña
    agosto 6, 2008 | 23:38
     

    Buena crítica, aunque vuelvo a discrepar en algunos términos. Aún no he oido a nadie que hablando en español, pronuncie “ítler”. Más bien, de Despeñaperos para arriba, la hache aspirada se suele convertir en jota, españolizando el nombre de manera correcta; igual que se hace con “Chékspir”, o “Fransuá Miteggán” por ejemplo. Luego, la conjunción “y” en este caso no tiene por qué censurarse.
    Acorazado como sustantivo, en efecto es como dices. Pero también puede tratarse de un participio-adjetivo. Participio del verbo acorazar, que entre otras cosas significa revestir con planchas de hierro o acero buques de guerra, fortificaciones u otras cosas. Otras cosas como, por ejemplo, vehículos terrestres.
    Por todo lo demás, agradecido. Puesto que no conocía el libro y este artículo ha despertado mi interés POR él ;)

  2.  
    Illaq
    agosto 7, 2008 | 09:11
     

    Gracias por el comentario. Es cierto que la pronunciación más habitual de “Hitler” entre los españoles (me incluyo) viene a ser algo así como “Jítler”, pero yo sí conozco a personas (muy mayores) que hablan de “Ítler”. De hecho, ayer estuve hablando con una (de 90) sobre este libro precisamente. De todos modos, yo sí conservaría el uso de la conjunción “e”, en este caso, porque la pronunciación de los nombres propios es de lo más variable (aunque supongo que “Jítler” no tiene vuelta atrás)… Quizá me anime a escribir un post sobre estas cosas porque son muy, muy curiosas…
    En cuanto al uso de “acorazado”, sustantivo, en el contexto en el que aparece, referido a lo que, en lenguaje técnico español, son “carros de combate” y en el coloquial, “tanques”, sí es decididamente incorrecto.
    En todo caso, muchas gracias por el comentario y me alegro de haber despertado tu interés por el libro en cuestión.
    Saludos.

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