Se nos acaba el año 2006 y no quiero que pase sin hacer un comentario sobre unos estudios, a mi modo de ver, apasionantes que se están llevando a cabo sobre la influencia de la literatura en la función cerebral. Esperaba encontrar algo más de documentación, pero no ha sido así.
Este señor es Philip Davis. Es profesor de la School of English de la Universidad de Liverpool. Dice que le interesa mucho, entre otras cosas, la relación entre la escritura y la lectura y la vida, lo que incluye la relación entre la escritura y la memoria, la literatura y la creencia, el drama y la mente, y todo ello referido sobre todo a Shakespeare y la novela realista. Añade que su interés se centra en todo lo que interviene en el acto de leer, todo lo que influye en pensar, sentir, recordar e imaginar a través de los libros. Por eso, entre otros proyectos, participa en uno sobre la relación de la sintaxis shakespeariana con las vías neurales, en colaboración con el Magnetic Resonance and Image Analysis Research Centre (MARIARC) de la Universidad de Liverpool.
Creo que una descripción así despertaría el interés de un muerto… con curiosidad científica. Desde luego, no es habitual encontrarse con un profesor de “letras” que emprenda una investigación así. Si se hubiese tratado de un neurólogo, biólogo, psicólogo u otra clase de “ólogo” similar chocaría menos.
También es verdad que llegué hasta las ocurrencias del profesor Davis a través de una noticia que saltó hace unos diez días… Era algo así como: “Shakespeare, bueno para el cerebro“.
En realidad, no hace falta ser un genio para darse cuenta de que es más fácil mantener la atención cuando, en la actividad que desarrollamos, surgen “sorpresas”. Lo previsible llega a aburrirnos. Como dice Davis, “si es fácil ver qué piezas [de un rompecabezas] casan, el juego te aburre, pero si parece que las piezas no casan… el cerebro se excita”.
Pero, ¿qué tiene que ver Shakespeare con la atención o con el cerebro? Es obvio que las obras de Shakespeare, como las de otros grandes maestros de la literatura, marcan al lector porque mantienen su atención. En el caso del maestro inglés, famoso por sus neologismos, una forma de hacerlo es mediante lo que, en castellano, conocemos como “conversión”, la modificación de la función sintáctica de una palabra, por ejemplo, el uso de un sustantivo a modo de verbo. Así, según Davis, “al poner palabras raras en oraciones aparentemente normales, Shakespeare sorprende al cerebro y lo coge con la guardia baja de un modo que produce una repentina explosión de actividad: un sentido del drama creado a partir de la más sencilla de las cosas”.
Como es lógico, el “instrumental intelectual” de los estudiosos de la literatura solo puede llegar a descubrir determinados hechos: el uso de la conversión por parte del escritor, el impacto que produce la lectura en los lectores, etcétera, pero no puede llegar a explicar el porqué. Por eso, Davis trabaja en un plano interdisciplinario con el MARIARC. El director de este centro es Neil Roberts (de quien no he sido capaz de conseguir ninguna foto). El procedimiento seguido en el estudio ha consisitido en medir la actividad cerebral de 20 sujetos mientras leían extractos de obras de Shakespeare. La medida se ha efectuado mediante electroencefalografía. La técnica es ya antigua, aunque perfectamente capaz de mostrar diferencias de funcionamiento del cerebro, según la actividad que desarrolle.
Roberts dice que “el efecto [que produce Shakespeare] en el cerebro es algo así como un truco de magia; sabemos lo que significa el truco, pero no cómo ocurre. En vez de quedar confundido por esto en sentido negativo, el cerebro se excita positivamente… La firma del cerebro es relativamente poco interesante cuando entendemos el significado de una palabra, pero, cuando la palabra cambia la gramática de toda la oración, las interpretaciones del cerebro aumentan repentinamente. El cerebro se ve obligado a rehacer su proceso de pensamiento con el fin de entender lo que se supone que hace esta palabra inusual”.
Cuando el cerebro lee una oración que no tiene sentido semántico, el EEG registra lo que se llama efecto N400, una modulación negativa de onda provocada por estímulos lingüísticos imprevistos, que se caracteriza por un pico de unos 400 ms tras la presentación del estímulo. En los modelos de comprensión del habla, suele estar relacionado con la integración semántica de las palabras en el contexto de una oración.
Cuando el cerebro lee una oración gramaticalmente incorrecta, se registra un efecto P600, que continúa mucho después de leer la palabra desencadenante y está relacionado con la información sintáctica estructurada, en general.
El grupo descubrió que, cuando los participantes leen la palabra que produce la conversión, no había efecto N400, lo que indicaba que se aceptaba su significado. Sin embargo, se observaba un P600, lo que señala que el cerebro revalúa la función gramatical, sintáctica, de la palabra.
Ese ha sido el primera paso. Ahora, el equipo está utilizando la magnetoencefalografía y la formación de imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf), con imágenes como la de la derecha, para probar qué áreas del cerebro muestran mayor actividad. También estudian la función que pueda desempeñar el contacto con Shakespeare en el mantenimiento de una actividad cerebral sana.
Es, pues, probable que esta clase de estudios nos permita concluir que la forma de redactar de Shakespeare imprime unos determinados patrones de actividad cerebral, con un correlato comportamental manifiesto, la atención sostenida y una mayor facilidad para recordar.
He estado buscando alguna referencia más “técnica” del trabajo de los autores, para tratar de comentar más a fondo los estudios llevados a cabo. Hasta la fecha, no la he encontrado, pero el tema me parece lo suficientemente importante como para decir algo al respecto. En todo caso, estos trabajos plantean una cuestión muy importante en relación con la literatura en general y con Shakespeare en particular: ¿los efectos provocados por la forma de escribir de Shakespeare se observan también cuando el estímulo es una traducción de Shakespeare? ¿Cuál puede ser la clave de una buena traducción de Shakespeare? ¿Se observan estos efectos concretos con otras obras literarias?


Supongo que una buena traducción debería hacerla el propio Shakespeare. Como evidentemente no está para esos trotes…lo leeremos de todas formas.
Muy curioso e interesante el post illaq. Me aordaba al leerlo de una de las recomendaciones contra el alzheimer: provocarnos imprevistos a nosotros mismos, como dejar las llaves cada día en un sitio diferente, evitar la rutina adormecedora de euronas en definitiva.
Saludos y feliz año.
Se me ocurre revisar los trabajos sobre disonancia cognitiva, allá por los sesenta y los de memoria semántica, entre otros. Por cierto, éste post está batante relacionado con el siguiente de las marcas. Feliz año.
Juanjo, gracias por el comentario, pero me parece que Shakespeare (en el supuesto de que William Shakespeare fuese el autor real de todas sus obras) nunca podría hacer una “buena traducción” de su propia obra… No sería capaz de alejarse del inglés de su época para escribir, teniendo en cuenta tanto el “fondo” como la “forma”.
Lo que, en realidad, planteo es el problema que encierra toda traducción, en todas sus clases, que difieren considerablemente. Por supuesto, en el caso de Shakepeare, hablaríamos de una traducción literaria, en cuyo caso el traductor tendría que tratar de trasladar lo más fielmente posible el “fondo” y hacerlo, además, con una forma en otro idioma que produjese un efecto emocional y cognoscitivo similar al que le texto inglés produce (hipotéticamente) en el lector de habla materna inglesa.
Pedro, no sé por qué, pero “me daba” que algún lector iba a salir por ahí, en relación con la disonancia cognitiva, porque, en efecto (y en mi opiniòn), lo que produce esa hábil fórmula de Shakespeare es una disonancia cognitiva, ni más ni menos, con su correspondiente resolución, tirando de la memoria semántica, por medio de la semejanza provocada por el neologismo.
Por cierto, muy interesante la sugerencia de la relación entre este y el post de las marcas…
En todo caso, gracias a ambos y… a seguir animando el mentidero. Saludos y feliz año.