Dice el autor:
Este relato no es ficción ni libro de Historia. Tampoco tiene un protagonista concreto, pues fueron innumerables los hombres y mujeres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid… Cuantas personas y lugares aparecen aquí son auténticos, así como los sucesos narrados y muchas de las palabras que se pronuncian… estas páginas pretenden devolver la vida a quienes durante doscientos años sólo han sido personajes anónimos en grabados y lienzos contemporáneos, o escueta relación de nombres en los documentos oficiales.
Ciertamente, no es un libro de historia. Tampoco es una novela. Es, a mi modo de ver, la crónica de un día pavoroso que, como el autor comenta, todo el mundo ha tratado de aprovechar para sus fines, haciendo caso omiso de la realidad pura y dura: la gente, el pueblo (tan invocado para todo y a quien nadie “importante” hace puñetero caso) es quien lleva el peso de aquel día tremebundo que se hace hoy para nosotros gracias al corresponsal de guerra Pérez-Reverte.
Es posible que, para algunas personas, el “exceso” de nombres haga farragosa la lectura. Yo opondría que ese pretendido exceso no hace sino transmitir el mismo exceso de la jornada. Pasan ante nosotros, vivas y muertas, aquellas personas que, llevadas por el odio visceral al invasor, son capaces de hacer frente al mejor ejército de Europa.
Quien conozca bien Madrid (no ha cambiado tanto el centro), sentirá de alguna manera las carreras de las gentes del pueblo por sus calles, el paso marcial de las fuerzas francesas, cuando no la angustia de unos y de otros en aquel maremágnum. Vivirá las sensaciones de impotencia ante las posturas de los “instalados”, preocupados solo por sus poltronas, haciendo , con buen criterio, oídos sordos a lo que ocurre en la calle y doblando el espinazo ante el invasor.
En resumen, el libro que comento, crónica de los hechos de aquel día, está bien documentado y, en mi opinión, soberbiamente escrito. Merece la pena leer este artículo del autor, que inscribe la obra en su propia forma de pensar, que en muchos aspectos comparto. Insisto en que es posible que el lector se sienta agobiado por la cantidad de nombres que aparecen, pero ese mismo obstáculo cumple una finalidad plástica, aparte de la de memorial debido a aquellas personas: de alguna manera, hace revivir la zozobra, la angustia, la determinación, la fe y la desesperanza final vividas entonces. Sin duda, para mí (es muy difícil hacer recomendaciones), un gran libro, aparecido en un momento muy oportuno: el ducentésimo aniversario de aquel horror y de aquella gesta.
En cuanto a Arturo Pérez-Reverte, es obvio que, a estas alturas, no necesita presentación. Fue durante muchos años corresponsal de guerra, trabajando para el desaparecido periódico Pueblo y para Televisión Española. Desde 1994, se dedica exclusivamente a la literatura y a escribir artículos de opinión, teniendo en su haber 19 novelas, incluyendo Las aventuras del Capitán Alatriste.
Sus novelas suelen estar muy bien documentadas y su estilo me sigue recordando al periodista Pérez-Reverte, estilo que, en el caso de la obra que comento, destaca sobremanera. El 12 de junio de 2003 ingresó en la Real Academia Española, con el discurso El habla de un bravo del siglo XVII.
Un día de cólera. Arturo Pérez-Reverte. Madrid: Alfaguara, 2007. ISBN: 9788420472805.









