Esta mañana hablaba de él el New York Times. Luego lo vi en la Technology Review del MIT. Y lo llaman Junior.
En realidad, es un Volkswagen Passat con un montón de chatarra dentro (la foto es del New York Times).
Hace dos años, el 8 de octubre de 2005, un equipo de la Universidad Stanford, dirigido por Sebastian Thrun, ganó el Grand Challenge de la DARPA, la famosa Defense Advanced Research Projects Agency, una carrera de vehículos autónomos a través del desierto, con un coche informatizado, denominado Stanley, el Volkswagen Touareg preparado al efecto que aparece a la derecha (la foto es del Departamento de Prensa de VW). El coche tenía una serie de sensores y láseres, una cámara y otros equipos que sirvieron para que acabara con éxito la carrera.
Junior se basa en la misma tecnología fundamental, pero con importantes mejoras. Utiliza el mismo tipo de percepción por láser de Stanley, pero con mayor alcance. El nuevo coche tiene un total de 8 sistemas LIDAR que emiten rayos de luz y detectan los reflejos para determinar la distancia a otros objetos. Un sistema va montado en el frontal del techo de Junior y tiene un alcance de unos 100 m., muchas veces más que Stanley. Otro LIDAR apunta al suelo y hace un seguimiento constante de la carretera y de los puntos reflectantes de la misma. Un tercer sistema toma constantemente una imagen de 360º de su entorno. Todos estos datos se procesan mediante dos máquinas con procesadores cuádruples de Intel a 2,3 GHz y la información pertinente se envía a los sistemas de conducción que guían el vehículo.
Cuenta también con un sistema de posicionamiento muy preciso que incluye un GPS y otros sensores que miden las revoluciones de las ruedas (a la izquierda, en foto de Technology Review) y la dirección que sigue el vehículo. En conjunto, estos sensores permiten que Junior “sepa” dónde está con un marge de error de 30 cm.
Como Junior es mucho más “inteligente” que Stanley, puede afrontar con éxito el problema que plantean los cruces y el tráfico, tareas que no estaban previstas en la carrera anterior. Esa inteligencia está constituida por unos 500 algoritmos probabilísticos que procesan toda la información del entorno recogida por los sensores y toman la decisión que probablemente sea mejor, en menos de 300 ms., suficiente para frenar o cambiar de carril si otro vehículo que llegue por otro carril trata de acceder al de Junior.
El caso es que ayer Junior anduvo solo, hizo maniobras, como la inversión de sentido de marcha en una calzada de ancho reducido típica de los exámenes de conducir, y cumplió las normas de tráfico al llegar a un cruce. Eso sí, las pruebas se hicieron en un aparcamiento de Mountain View (por si acaso, claro).
La “hora de la verdad” llegará el 3 de noviembre, fecha en la que se celebrará la prueba definitiva patrocinada por la DARPA en el lugar que se anunciará el 9 de agosto.
















