Así empieza este maravilloso cuento/reflexión/opinión que he encontrado en Tercera Opinión. Se puede decir más alto, e incluso más claro, pero es difícil hacerlo con tantísima clase:
Sé de un tipo que lleva toda la vida fabricando el mismo modelo de bicicleta, de esas que llevaban nuestros abuelos: sin suspensiones, sin cambio de marchas, de piñón fijo -vamos, que si usted deja de pedalear se pega, fijo, un piño-, de ruedas lisas y con un asiento tan duro que, a poco que lo use, uno se queda estéril.
Comenzó con 15 años en el taller de su padre -también bicicletero- y desde entonces no ha hecho otra cosa. Hace ya mucho tiempo que el negocio le va mal, pues la gente prefiere comprar bicicletas más modernas, pero él se resiste a cambiar, dice que morirá fabricando el mismo modelo.









