Ayer, en un noticiario de televisión, presentaron brevemente una nueva arma… Se trata de lo que se conoce como Active Denial System o “sistema de rechazo activo”. Es el primer paso de uno de los aspectos de un plan a largo plazo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos: los Controlled Effects (”efectos controlados”), que quizá comentemos en otro momento. Uno de los objetivos es controlar al personal, haciendo el menor daño físico posible…
El Active Denial System es una especie de “mando a distancia de personas” que usa una radiación (otra palabra tabú de la que suele hablarse demasiado, sin saber muy bien de qué va) de alta frecuencia como medio no mortífero de control de masas. La foto de la izquierda muestra a dos técnicos de los Sandia National Laboratories calibrando el sistema en pruebas. El desarrollo de la tecnología ADS ha estado a cargo del Air Force Research Laboratory y, en definitiva, del Departamento de Defensa de los EE.UU. que, en los últimos 10 años, han empleado en este desarrollo unos 40 millones de dólares.
El objetivo previsto y declarado de empleo de estos aparatos se cifra en la protección de materiales e instalaciones militares, mantenimiento de la paz, misiones humanitarias y otras situaciones en las que el uso de fuerza letal es desproporcionado. El sistema está pensado para proteger al personal militar contra el fuego de armas pequeñas, que, por regla general, tienen un alcance máximo de alrededor de 1 km. Se dice que el sistema tiene un alcance de 640 m.
Por otra parte, la protección del cuerpo contra el arma puede ser muy sencilla, por ejemplo, cubrir el cuerpo con ropas de cierto espesor o llevar una hoja metálica; incluso puede servir una tapa de cubo de basura a modo de escudo o reflector. Además, tampoco está muy claro cómo funcionará en condiciones de lluvia, niebla o espuma de agua de mar, en las que el agua de la atmósfera puede absorber la energía del rayo.
Pero, ¿cómo es el arma en cuestión? El ADS utiliza un transmisor (situado en la base de la antena) que envía el rayo al espejo del extremo de la pértiga que, a su vez, lo dirige a la antena (otro “espejo” concentrador), de la que sale un rayo muy delgado de 95 GHz (el horno de microondas de su casa funciona a 2,5 GHz, aproximadamente), de ondas milimétricas, hacia un sujeto previamente identificado. La radiación en cuestión viaja a la velocidad de la luz. Llega al sujeto y penetra en la piel menos de 0,4 mm., calentando rápidamente la superficie de la piel y produciendo una intensa sensación de ardor que se detiene cuando el transmisor se apaga o cuando el sujeto se aparta del rayo. Según los informes experimentales, una quemazón de 2 seg. puede calentar la piel hasta una temperatura de 54º C. A los 50º C, el reflejo de dolor hace que la persona se aparte en menos de 1 seg. Habría que permanecer aguantando la radiación unos 250 seg. para que la piel se quemara.
Por tanto, a pesar de la sensación de calor, similar a la que produce el contacto con una bombilla encendida (que, sin embargo, sí quema), la radiación que llega al sujeto no le causa daños por los bajos niveles de energía utilizados y la baja penetración. La tecnología explota un mecanismo de defensa natural del organismo que ayuda a proteger el cuerpo humano.
De todos modos, la inocuidad del dispositivo es relativa, porque, como señala Louis Slesin, director de Microwave News, un importante boletín de noticias sobre radiaciones no ionizantes, sí podría causar lesiones en la córnea del ojo, dependiendo del tiempo de exposición del mismo al rayo y, según Global Security, Slesin añade que “los únicos que están haciendo investigación sobre los efectos de la radiación electromagnética sobre la salud son los mismos que están desarrollando esta arma: el Laboratorio de la Fuerza Aérea… Son los únicos en los Estados Unidos que tienen dinero para investigar sobre los efectos en la salud y tienen un control firme del proceso de establecimiento de normas [de seguirdad]… Hay un conflicto evidente”.
En todo caso, esto es lo que hay. Ya se están probando los vehículos militares equipados con estos dispositivos. Se trata de Humvees, los vehículos sobre ruedas de alta movilidad y para todo uso del Ejército de los EE.UU., que están sustituyendo en todo el mundo paulatinamente a los antiguos Jeeps como “vehículos tácticos”. De hecho, esta versión se ha diseñado para montarla específicamente en estos vehículos. Ahora se trabaja para instalar estos sistemas en naves y aeronaves.
Por su parte, la empresa que se encarga de la integración de los sistemas de esta arma, Raytheon, ya ha presentado la versión “civil” de la misma, de menor alcance que la militar . Se llama Silent Guardian, que se ofrece tanto a empresas de seguridad, como a organismos policiales y ejécitos. Con un joystick y una pantalla de selección de objetivos, los operadores pueden provocar dolor desde ununos 230 m., en vez de los 640 de la versión militar. A diferencia de esta, Silent Guardian ya está disponible.
Sin duda, desde el punto de vista técnico es toda una conquista, tanto por la tecnología creada y utilizada, como por el aparato en sí y su adaptación a diversos medios de transporte, y desde el de su destino, quizá haya que dar la bienvenida a un sistema militar de armamento no letal, aunque no exento de riesgos. En todo caso, no conviene olvidar que este sistema forma parte de un “paquete” más general y de mucha mayor envergadura del que ya hablaremos.
















